Desde las 18, el festejo oficial del Quilmes Atlético Club se desarrollará en el estadio Centenario con entrada libre y gratuita.
Por Pablo Despos
Se conmemora hoy un nuevo aniversario del Quilmes Atlético Club, el más antiguo de la ciudad. Heredero de la tradición británica de educar a la juventud con deportes al aire libre, en los verdes prados de aquel pequeño pueblo al sur de Buenos Aires el ahora Decano del fútbol y del tenis argentino comenzó su fructífera carrera deportiva a finales de la década del 80 del siglo antepasado.

Hoy, el Quilmes Atlético Club se encuentra expectante. Una nueva conducción, con algunos nombres inéditos pero con una impronta muy diferente a la de periodos anteriores, arrancó este año a manejar los destinos de la institución. No es un dato menor que la Agrupación Plateada llegó al poder sin siquiera tener un rival en elecciones; nadie pudo armar una lista política para competirles. Desde 2004 no pasaba, con el acuerdo entre rojos y azules y blancos. En este panorama, el presidente Carlos Giulianetti comenzó con una impronta distinta: delegó el manejo del fútbol profesional al Secretario Manuel Jove y éste, en la práctica, al mánager, Miguel Caneo, y al director técnico, Alfredo Grelak.

En este sentido, y por primera vez, el deporte profesional está manejado por hombres que, vestidos con la camiseta de Quilmes, han logrado lo que se busca: ascender. Miguel Caneo fue el comandante de los últimos dos gritos cerveceros (2010 y 2012); mientras que el director técnico, Alfredo Grelak, fue integrante del último equipo campeón del club (1990/91). A ellos se les suma un símbolo cervecero de todas las épocas: Adrián Giampietri. El Máquina, más allá de cualquier función, es la personificación del alma del hincha del Decano. Es por eso la expectativa es distinta.

Sin dudas que el principal desafío político de Quilmes es destrabar la maraña judicial, económica y política en la que se encuentra desde el 29 de julio de 2016. Más allá de lo dispuesto por la jueza Diana Español, deberá pagarle a Unión La Calera por el pase de Lucas Giovini, comprado en casi un millón de dólares por el expresidente, Andrés Meiszner. Necesita Quilmes, en tiempos que no son los del fútbol, salir del intríngulis y obtener el permiso para incorporar futbolistas, ni más no sea del medio local. Ese sería un triunfo en el andar del club temporada a temporada.

En este aniversario, Quilmes se encuentra en un camino que dejó atrás un modelo de gestión. Tras el final, en una soledad buscada de Andrés Meiszner, el club quedó al borde de la desaparición. Aquel fue un modelo de conducción casi basado en el financiamiento del fútbol profesional con deuda obtenida en la Asociación del Fútbol Argentino y con la autogesión del resto de los deportes que implosionó con la crisis de la casa madre, la muerte de Julio Grondona y la consecuente pérdida de poder y credibilidad de José Luis Meiszner. A partir de ahí, cualquier deporte y gestión política de la institución tiene y tuvo el peso de una deuda inmanejable gestada entre 2004 y 2019.

A la gestión de Marcelo Calello (2016-2019) le tocó empezar a reconstruir un club gigante. Penó en materia de ingresos con el descenso de 2016 en el fútbol profesional pero enderezó el barco y tomó una decisión tan valiente como arriesgada: solicitar el concurso de acreedores ante el Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires sin el aval del principal acreedor, AFA.

Desde 2019, la presidencia estuvo a cargo del contador Christian Sterli, quien delegó gran parte del poder del fútbol en sus dos vicepresidentes, Lisandro López y Mateo Magadán. Tras la pandemia, los mejores equipos de fútbol se vieron en 2020/21 y 2021, bajo la conducción técnica de Facundo Sava. El equipo fue protagonista, con estadio lleno cuando pasó el covid y la convocatoria más importante fuera de la ciudad después del campeonato en Rosario en 1978 en la final ante Barracas Central en Avellaneda.

La gestión de Mateo Magadán agotó el modelo. Lejos de la pluralidad de Sterli, la gran mayoría de las decisiones recayeron siempre en el presidente y su cada vez más pequeño círculo íntimo. La financiación del club se nutrió principalmente de publicidades de pequeñas y medianas empresas locales que poblaron el Centenario, el club y la camiseta blanca. Los resultados están a la vista: tres temporadas sin protagonismo futbolístico, escándalos que trascendieron las fronteras de la ciudad y una agrupación que, a la postre, no se presentó a elecciones.

Quizá lo más valorable de la gestión cuasi artesanal de Magadán no se palpe hoy sino que es una medida que, perdurable en el tiempo, redundará en mayores beneficios para el club: al Centenario solo ingresan los socios. Basta recorrer las tribunas del estadio para ver que desde sectores a los que no les hacen mella los valores de la cuota como así también familias muy pobres hacen el sacrificio de pagar la cuota para alentar al equipo; es decir, la medida no deja afuera a grandes capas sociales. Esto permitió llegar casi a los 19 mil socios en la Primera Nacional, algo que no logró ni Julio Cassanello en 1979 con el equipo campeón argentino y en Copa Libertadores. En un club siempre urgido por lo inmediato, el largo plazo apareció desde el costado menos pensado.

La deportiva es la deuda más grande de este presente en el aniversario número 138. En el fútbol profesional, alejado de las grandes disputas, incluso en la principal categoría de ascenso, donde casi siempre fue animador. Puede sumarse a esto el descenso en hockey sobre césped femenino en esta temporada, ocurrido el fin de semana anterior. No es un deporte menor dentro de los amateurs. El hockey, si bien no tan popular, es un emblema de la institución.

A la expectativa, el socio de Quilmes puede estar en esta temporada, luego de que se iniciara un periodo al parecer distinto. En estos últimos años hay dos obras importantes. Una, edilicia. El síntetico habilitado por AFA en Alsina y Lora mejora y elimina problemas históricos para entrenamientos y disputa de partidos oficiales en categorías amateurs. El otro, deportivo: más allá de que no se consolidó un ascenso, el equipo de fútbol femenino es una marca registrada ya en la institución, que compite en condiciones profesionales en una categoría amateur por demás.

En el debe está la actualización del estadio Centenario. Con ver televisión, se comprueban canchas mucho mejor acondicionadas que la de Quilmes, incluso en la propia categoría. La modernización cuesta dinero, pero hay una decisión política de encarar un trabajo que permita dejar al estadio más importante de la ciudad acorde a los tiempos que corren, además de darle vida por fuera del fútbol profesional. Hoy, por ejemplo, el club festeja en el estacionamiento de la cancha con un festejo popular, y es algo positivo.

Se mira con optimismo este nuevo aniversario del club; una etapa nueva en la que distintos protagonistas han tomado la decisión de involucrarse para realizar un crecimiento en lo institucional y en lo deportivo. Detrás de ellos, con los dimes y diretes que conlleva ser parte de un club popular y de arraigo masivo, una masa societaria siempre dispuesta a acompañar, a llenar sus sectores y que, al grito de «Dale Quilmes» está expectante por el andar de una institución que marca el ritmo de la ciudad, como hace 138 años.

¡Feliz aniversario!