QAC: OTRA PESADILLA SE HIZO REALIDAD

Quilmes otra vez perdió y dejó la imagen de ser nada. Tuvo más la pelota ante el Sportivo Independiente Rivadavia en un cotejo donde no fue una escuadra superior al rival. ¿Actitud? Sí, pero eso es obvio. ¿Ideas? Casi las mismas de siempre. ¿Suerte? Hay que ayudarla. Cuando pudo rematar al arco, marró o tomó decisiones incorrectas. En definitiva, cayó por algo que no le encuentra la vuelta a lo largo de este año: la pelota quieta (o el balón derivado, en este caso). Por el lado del DT, ciclo cumplido.

El escenario sin público del Centenario le dio un marco más gélido al andar de Quilmes por este torneo. Lejos quedó el arrollador comienzo de febrero o la resurrección en el inicio de la segunda rueda. Otra vez dio muestras de estar empantanado en una ciénaga sin ideas de cómo derrotar con táctica al rival. Esta vez, Mario Sciacqua planteó dos mediocampistas ofensivos por las bandas y con Axel Batista, delantero rápido que acompaña a Federico Anselmo.

El partido fue un bodrio. El primer tiempo tuvo dos sacudones de modorra con una llegada de Carlo Lattanzio en sorpresa por izquierda y cuyo remate sacó Maximiliano Gagliardo, el golero de los mendocinos. Por otra parte, un cabezazo de Anselmo que besó el ángulo superior del arco visitante. La visita tuvo un cabezazo de Mauro Maidana que tapó Milton Alvarez.

Batista tiene todo para rematar pero elige tocar al medio para Anselmo

Para el complemento, salvo el ingreso de Agustín Bindella por Lattanzio (lesionado) -al final del primer tiempo-, todo siguió igual. A Quilmes se lo vio con un poco más de actitud y énfasis para ir a buscar el partido, pero chocó contra su realidad. Jamás pisó el área de Gagliardo con real peligro salvo en dos ocasiones. Primero, un remate de Petrasso sin consecuencias para la valla de Alvarez y después tres incursiones en el área rival. Un no-tiro de Batista, quien prefirió dar un pase en lugar de pegarle al arco. Luego, un remate alto de Bindella y, por último, una pelota llovida que cabeceó Anselmo desviada cuando Julián Bonetto estaba ubicado mejor para pegarle.

La fatalidad llegó para Quilmes en la última jugada. Un centro excelente le cayó justa a Maidana quien, solo entre Renzo Giampaoli y Gabriel Díaz, eligió dónde hacer el gol. Luego, el pitazo final de Silvio Trucco.

La caída fue igual a muchas anteriores. Un equipo que deambula sin ideas claras, más allá de poner ganas. Un técnico al que, casi de forma paradójica, sólo le ganaron el duelo táctico una vez en toda la noche y fue para que le conviertan el gol. Por último, los futbolistas: desordenados, con malas decisiones colectivas e individuales y con errores de formación (como el remate de Lattanzio con cara interna en el primer tiempo). Urge empezar a sumar de a tres para no perder lugar en el torneo reducido y, con este panorama, es imposible. Hay que cambiar.


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