Por Víctor Andreoli
La historia comienza con Miguel caminando sobre la 9 de Julio, en Bernal; de una alforja sacó su Piedra blanca, sobre piedra negra. No recuerdo si lo compré o me lo regaló. Trabajaba para Galerna; nos había presentado Aquiles Rua, mítico librero bernalense, a quien debo una parte importante de mi biblioteca. Aquiles, en 1990, me regaló otro ejemplar del primer poemario de Miguel, que tengo con anotaciones. Desde 1986, Miguel estaba afincado en Quilmes y, en la librería que inauguró, armó un espacio para presentar libros, adonde trajimos a Norberto Galasso para presentar No lo dejemos ahí, un libro de polémica contra Bernardo Neustadt.
En 1989, publicó Los signos de fuego. Si bien nunca dejó de ir a la librería, en 1999 se mudaron al nuevo local y esa etapa coincide con la publicación de su tercer libro, Fragmentos de un cielo impenetrable. Infinitas visitas para comprar libros para cumpleaños, aniversarios, etc., me impidieron conocer los siguientes poemarios: Humanos casi humanos (2009), Despojos (2010) y el inédito Razón de intemperie (2016). Facundo me fue regalando los que encontraba. Un día, me presentó a Mariano Cabano y recibí un archivo con la Poesía Completa de Miguel. Esa versión final difería de la de los libros publicados. En una charla muy intensa, recuperamos las visitas de María Kodama a la librería. Tuve un primer ejemplar de sus poesías, pero no pude hacer una síntesis en 2024-2025. Ayer, al intentar una nueva lectura, encontré las respuesta a mis preguntas:
Miguel, ¿Qué significa vivir?
«Hay que refugiarse en el sueño».
¿Cuáles son las condiciones para lograr la felicidad?
«Se puede ser feliz sin la memoria».
¿Qué es para vos el poema?
«Todo poema es una piedra grande, una piedra del tamaño del silencio».
¿Cómo orientar la mirada del poeta?
«Corregir la mirada no es trabajo de poetas. Quizás sea tarea de la etnografía, pero es tarea ardua transformar la prosa en poesía».
¿Qué es el tiempo?
«Decir que el tiempo no existe, es afirmar la voluntad de lo eterno».
