ALMAS A BORDO. UNA ANALOGÍA IMPRESCINDIBLE

Por Martín Gerardo Bermúdez

Querido lector:

No tiene usted por qué saberlo, pero en la aviación se utiliza la expresión “almas a bordo” para contar de forma exacta cuántas personas se encuentran dentro de un avión, sin importar si ocupan asiento o tienen pasaje.

Es un concepto muy interesante en cuanto a que no discrimina por ninguna categoría, sino que por el contrario nos obligaba a aquellos que habíamos abrazado la aviación comercial como profesión a tomar conciencia de la enorme responsabilidad que nos competía.

No importaban rangos, clases sociales, religiones, edades o razas: eran almas que nos dependían; lo mismo el judío ortodoxo que pedía comida kosher, o el musulmán que había solicitado halal, o un vegetariano, un diabético o el que necesitaba comida sin sal; los niños y sus mamaderas, las personas que se descompensaban y requerían atención médica de primeros auxilios, todo esto aparte de los servicios regulares.

En síntesis, un pequeño mundo que por pocas o muchas horas estaba bajo nuestra completa responsabilidad; por eso elegían viajar en una línea aérea regular.

Hasta aquí un simple relato de color que me vino a la cabeza en la última duermevela antes de comenzar el día pero, aunque simple, disparador de una analogía que no pude borrar de mi mente: puede entonces hacerse este concepto de las almas extensivo a la sociedad de una nación?

Es posible apelar a la conciencia de quienes gobiernan para que entiendan que las estadísticas hablan de personas, de almas?
Porque parece ser, y por ello mi retórica pregunta, que para ellos un censo es un simple número de una ecuación que casi nunca logran resolver y cuya médula fundamental no alcanzan a sentir?

Almas, almas en un país, patria, nación que conllevan, todas y cada una, sus circunstancias, parafraseando al genial Ortega y Gasset.
Podría entonces aceptarse livianamente que haya ganadores y perdedores de acuerdo a sus ideas, en principio, y a su clase social?
Es razonable naturalizar el insulto de unos a otros porque, sencillamente, piensan diferente en términos políticos y en cómo solucionar la madeja compleja de la gestión de la república?

Más preguntas retóricas que podrían seguir ad nauseam cundo la respuesta es una y muy clara: no ven las almas.

Es en ese caso cuando no importa cuáles consignas de campaña agitaron para llegar al poder cuando, por acción u omisión, por impostura o corrupción, por inhabilidad o simple falta de empatía han logrado infligir daños al tejido social, dañando la médula misma de la dignidad y aunque va de suyo que dejar personas fuera del sistema las condena a la miseria y la exclusión de sus derechos básicos, entre ellos el derecho a la vida, digna entre otras cosas y el acceso a parámetros sostenibles de salud, educación, trabajo, ciencia y justicia.
Quizás sea éste el espíritu de la justicia social; no que todos tengan lo miso pero sí que a nadie le falte nada, derechos.

Pero volvamos a las almas porque son centrales en este análisis; cada vez que escuchamos discriminar o demonizar a un colectivo determinado, estamos asistiendo a la negación de las almas que lo componen, dicho de otra manera, por ejemplo, para los esclavistas las personas de raza negra no tenían alma y se las trataba como animales.

Así también los genocidios justifican su criminal ética negando el derecho a la vida al objeto de su persecución.

Demasiados ejemplos como para no horrorizarnos si hacemos una mirada retrospectiva y la sumamos a la actualidad de guerras y muertes que no tienen explicación ninguna.

Por eso también horroriza que nuestro gobierno pueda alinearse con naciones guerreras con pulsión genocida.
Pero ese es el costado global.

Si miramos hacia adentro vemos afectados una cantidad impresionante de segmentos sociales y, para peor, en cosas que podrían ser evitables.

Veamos el caso de los jubilados y el sistema previsional; han sido llevados a un colapso, a la miseria más real, aquella que les obliga a dejar de comer, de comprar remedios, de calefaccionarse, simplemente porque alguien agitó la más cruel impostura de nuestra historia reciente: el maldito equilibrio fiscal.

Y detrás de ellos la desinversión en educación pública, las universidades desfinanciadas, el CONICET diezmado y con despidos masivos, la estructura de obra pública desmantelada generando una destrucción implacable del sistema de rutas nacionales, los hospitales desabastecidos, los médicos sobrepasados de trabajo, sin elementos y con sueldos vergonzantes y la salud pública cada vez más resentida por el estrés de la desocupación y una inflación que dicen controlar pero que se encuentra desbocada en la alimentación y los servicios públicos, sobre todo la energía.

Agrego, ya que iniciamos hablando de aviación, todo el sistema de transporte nacional reducido a una caricatura de mal gusto y gran peligro, fundamentalmente la aviación en todas sus variantes, que han dejado librada a las decisiones de personas que amén de desconocerla, siquiera en sus rudimentos, han apostado por la “libertad de volar”… Mal.

Detrás de todas y cada una de las cosas descritas hay una valor insoslayable, las almas afectadas.
Todas están a bordo de este país y de este planeta. Todas.
No podemos olvidar a ninguna, bajo ningún aspecto.

No hay justificación posible para no incluirlas en la cuenta total, aunque el destino, si podemos llamarlo así, ha hecho que viajen paradas o no tengan asiento en una sociedad que no ha sabido incluirlas en el sistema y mientras come su banquete no se preocupa de que tengan aunque sea lo mínimo para comer.

Almas…


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