DE QUILMES A LA PERLA, EL AMOR VENCIO AL ODIO

Tres matrimonios fueron hallados en parejas en La Perla, el ccd de Córdoba, entre los restos removidos de 17 personas que incluyen a un joven de 16 años. Los primeros desaparecidos de esta historia cayeron a partir de una delación quilmeña.

Exclusivo.

“Sigo tratando de descifrar qué significa ese mensaje de amor”, dijo Paula, hija de Luis Mónaco y Ester Felipe (familiar de la compositora radicada en México) respecto de que los restos de sus padres fuesen hallados juntos. Los hasta ahora desaparecidos tuvieron militancias en el radicalismo, el comunismo, Montoneros y el ERP. Dos de ellas habían sido secuestradas durante la democracia presidida por Isabel Perón.

La novedad es continuidad de las doce identificaciones de las que informé en marzo en El Cohete a la Luna días antes de que se cumpliera medio siglo del último golpe de Estado. De nuevo, el Juzgado Federal 3 de Córdoba compartió con los familiares la información obtenida por el Equipo Argentino de Antropología Forense antes de comunicarla a la opinión pública. Sólo en un caso pidieron que no se revelara la identidad, la de un militante comunista, según supo la colega Luciana Bertoia.

Desde antes del golpe

Al menos tres caídas cordobesas fueron previas al Golpe, con las que inauguraron el campo de exterminio más grande de una provincia.

Entre el 10 y el 11 de diciembre de 1975, fueron secuestrados Marta Susana Ledesma Vera (28 años), su marido Sergio Héctor Comba (22), y la operaria Silvia del Valle Taborda (23). Ambas fueron identificadas entre los hallazgos más recientes.

Los compañeros de Marta recuerdan que leía el diario desde chica; discutía las injusticias con sus profesores; ayudaba en el Hospital de Niños, donde dibujaba, leía cuentos y actuaba en teatro. En la facultad cordobesa de Agronomía, conoció a Juan del Valle Taborda, con quien se casó sólo por civil, sin fiesta, en 1970, año en que se sumaron al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), tres meses antes de que fundaran el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en el que militaron hasta que, el 17 de abril de 1971, Juan fue muerto junto a dos compañeros (José Polti y Marcelo Lescano) tras un enfrentamiento en el que, tras entregarse, rodeados por 30 policías, fueron rematados. Viuda, embarazada de siete meses, entró a la Universidad de Córdoba como no docente con participación gremial.

En marzo de 1975 se casó con Sergio Héctor Comba, con quien en agosto dieron vida a Gabriel Ignacio. Cuatro meses después, fueron arrancados del hogar junto a las criaturas, dejadas en casa de los abuelos maternos, pero la nona Yaya estaba en Buenos Aires, en busca de datos sobre su otro hijo, Juan Eliseo Ledesma, el “comandante Pedro”, jefe del Estado Mayor del ERP que preparaba el asalto al cuartel de Viejobueno, desaparecido el 8 de diciembre a partir de las delaciones del infiltrado Jesús Oso Ranier comunicadas al agente de inteligencia Carlos Españadero. Ese capitán del Ejército habrá de revelar (décadas después) que el secretario militar Pedro, atrapado en una casa sobre Casacuberta 6141, Wilde, fue torturado hasta que, de la panza, le salió una burbuja roja:

–Ledesma, jefe del Estado Mayor de Santucho, murió cantando la marcha del ERP sin largar un dato.

(El militar se lo contó al periodista Ricardo Ragendorfer, antes de declarar en sede judicial)

Sergio, obrero en Sancor, había crecido leyendo sobre política; desde muy joven repartía la prensa del ERP. Quedó fichado tras ser detenido en un barrio marginal donde entregaba periódicos, mientras su compañera era escondida por los vecinos.

Cuando asaltaron su casa, el matrimonio fue atado a sillas, descalzos, a la vista de Marta Inés Taborda, de 4 años, devuelta a la cama por los represores hasta que fue sacada del cuarto por un cuarentón con barba y tupido bigote que la hizo pasar junto al cuerpo de su padrastro inmóvil, tirado en el suelo ensangrentado, entre “olor metálico”. Junto al bebé y a su madre los llevaron en un Falcon a casa de los abuelos con el verso de que “una mujer nos los dio en la calle”.

–No, Tata, es mentira; mamá está en un auto ahí en la esquina –advirtió la nena.

–Espere, que anoto su nombre, a ver quién es usted.

–¡Pero qué anotar ni nada! ¡Agradezca que le traemos los chicos!

En La Perla, ante otros prisioneros, los torturadores presumirían de haber fusilado a nueve en el patio del Campo de La Ribera, entre los que mataron a Sergio y Marta. En la familia de ella supieron que tras los fusilamientos estuvo Héctor Vergez, ejecutor de la extrema derecha mediterránea conocida como Comando Libertadores de América.

Por entonces, la zona del Tercer Cuerpo de Ejército ya estaba a cargo del general Luciano Benjamín Menéndez.

La madre de Sergio, Elsa Gladis Comba (44 años) se movió mucho en busca de su paradero.

–Como molestó a la Policía, le allanaban la casa. En esos tres años, la detenían y torturaban. Me contó que le pusieron una manguera por la vagina, la conectaban a una canilla y la abrían. Siguió buscando, a pesar de las torturas –relató su hermano ante el juez Jaime Díaz Gavier, que preguntó si ella había dado nombres. “El ‘Gato’ Gómez”, repitió el testigo.

Miguel Angel Gómez miraba desentendido al estrado, luego de que varios señalaran sus perversiones violatorias y su impunidad: Quitaba las vendas a los secuestrados para sobrarlos:

“Mirame bien, soy El Gato, tu torturador”.

El 23 de febrero de 1978, a la madre persistente, habrán de secuestrarla, incinerarla y arrojarla a la vera de un camino.

Hacia 2015, La Cámpora inauguró una UB con el nombre de Gladys Comba

Luego del golpe

  • El 29 de marzo de 1976, el riojano Adrián José Ferreyra Rivero (32 años) fue secuestrado en Córdoba, donde trabajaba y militaba, once días antes de ser padre. Su hijo, Ernesto Ferreyra, dijo esta semana: “no estoy acá para decirle chau a mi papá, hoy puedo decirle hola”.
  • El 23 de abril, Edelmiro Cruz Bustos (25) empleado de la Legislatura, fue secuestrado en Alto Alberdi, dos meses antes del nacimiento de su hija Andrea Luciana. Dejó hijas de 3 y 5 años. En la conferencia de esta semana, la mayor relató su recuerdo del secuestro, su miedo a decir otra cosa que no fuera “papá se murió”. No se animó a marchar sino hasta el impulso de hijos y sobrinos, hace cinco años, cuando su presencia fue festejada por la Juventud de la UCR, de la que Bustos había presidido la Seccional 11.
  • El 26 de abril, la santafesina Graciela María de los Milagros Doldán (34) fue secuestrada en su domicilio junto a su hermana y su amiga Rosa Dory Maureen Kreiker (30), del Peronismo Descamisado, columna Sabino Navarro, de quien Graciela había sido pareja. Trabajó como abogada laboralista en la CGT. En La Perla se convirtió en una referente para los compañeros, de quienes pudo despedirse con los dedos en V, hacia mediados de febrero de 1977, cuando pidió ser llevada sin vendas en los ojos ni atada. Su compañero en la JP, Juan Schiaretti (el ex gobernador) posteó: “Duele, pero aporta verdad y permite avanzar en la reparación de heridas abiertas desde hace medio siglo”.

Tres días después de su secuestro, tras ordenar la quemar libros de autores que iban de Saint-Exupéry a Mario Vargas Llosa, dijo Luciano B. Menéndez:

“De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina”.

(La Opinión, 30 de abril de 1976)
  • El 11 de mayo, se llevaron a Gustavo Daniel Torres, quien justo tres meses antes había cumplido los 16; integraba el Centro de Estudiantes en el Colegio Belgrano, a la vez que militaba en la Juventud Guevarista del PRT. Fue secuestrado de su casa, ante sus abuelos, padres y hermanos, uno de los cuales, Carlos David, acaba de decir:

“Es increíble, una notificación de la muerte te devuelve la vida. Mi hermano tenía 16 años cuando lo secuestraron, estábamos en casa y, cuando se lo llevaban, lo escuché decir ‘yo tengo derecho…’ y le taparon la boca, no terminó la frase. Hoy mi hermano recupera algo de sus derechos”.

  • El 20 de julio, el catamarqueño Oscar Segura Reineri (42) ex delegado en IKA-Renault, fue secuestrado en su taller de reparación de radios en Alta Córdoba. Dejó dos criaturas de 9 y 10 años. La esposa murió negándose a darlo por muerto.
  • El 6 de septiembre, el salteño Gilberto Néstor Lellin D’Francesco (27) fue secuestrado de la fábrica donde era delegado.
  • El 18 de octubre de 1977, Juan Carlos “Piturro” Navarro Moyano (25) fue secuestrado cuando se dirigía a su trabajo.
  • El 2 de febrero de 1978, Víctor Carlos Díaz Rinero (35), padre de tres hijos, fue secuestrado de la casa de fotografías donde trabajaba.

“Hasta que la muerte los separe”

La psicopedagoga Nélida Noemí Moreno Maza (32 años) era empleada en la Policía provincial mientras militaba en el PRT con su marido, el riojano José Luis Goyochea (30), quien había llegado a Córdoba para estudiar y trabajar, como administrativo en el Colegio Médico y en el Departamento de Estadísticas de la Subsecretaría de Planeamiento local. El 15 de agosto de 1977, él estaba en el hogar con sus hijos de 5; 2 y 1 año cuando cayó una redada. Nelly regresaba de las compras cuando notó los movimientos y se refugió en casa de vecinos, quienes no pudieron evitar la invasión de los represores, que dejaron a los niños en la casa.

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Entre tortura y tortura, la católica Nelly no paraba de rezar, por lo que pronto sumó el rosario de la secuestrada Victoria Roca que le acercaron. Con hojas de cuaderno, hacía tarjetas del Día de la Madre para cada secuestrada.

Hacia noviembre, el matrimonio fue retirado por gendarmes hasta el despacho de Ricardo “Fogo” Lardone, quien sabía que ante un momento cúlmine hasta los más sanguinarios conceden un último deseo e hizo llamar a Mirta Iriondo, quien llegó a ver cómo les ataba las manos y ajustaba las vendas sobre los ojos.

–Quiere despedirse de vos –dijo Lardone.

–Jurame por Bruno que no van a matarme –imploró Nelly.

–Te juro por mi hijo que no vas a morir –soltó Mirta antes de salir y regresar a las corridas con el rosario de siempre, para escondérselo bajo la remera.

Recibió el agradecimiento y el acercamiento de José Luis en lo que constituiría su último contacto humano.

Carlos Cruspeire y Rosa Godoy (Archivo: Roberto Baschetti)

Carlos “Tito” Cayetano Cruspeire y Rosa Cristina Godoy, ambos de casi 24 años, constituían un matrimonio de montoneros, que habían compartido el Grupo Scout de la capilla San Francisco de Asís, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Ella, puntana, era asistente social; él, empleado en la funeraria La Punilla, de Córdoba capital, de donde fue secuestrado el 10 de septiembre de 1977, antes de que Rosa, ya alejada de la militancia, fuera capturada en su casa, con su hija Mariela, de poco más de un año, arrancada de sus brazos y entregada a un vecino. “Si no se hace cargo, la mandamos a la Casa Cuna”, amenazaron a quien se la quedó hasta contactar por carta a la familia.

Después de ser atormentados en La Perla, fueron sacados al mismo tiempo que los Goyochea, secuestrados el mes previo. Creyeron que los legalizarían en una cárcel común donde podrían recibir ropa en las visitas, así que, contenta, Rosa quiso dejarle a Mirta Iriondo un saco de abrigo verde. Con esa esperanza emprendió su último viaje.

Ester Felipe y Luis Mónaco. (Archivo: Paula Mónaco Felipe)

Hacia 1972, la psicóloga Ester Felipe visitaba la casa del historietista santafesino Crist, donde Roberto Fontanarrosa “se encandiló con ella”. Se vincularon hasta que ella descompartimentó su militancia en el ERP. “Tuve que decidir… qué querés que te diga”, le contará el humorista a su colega.

De regreso a su pueblo, ella se casó con un compañero de militancia, Luis Mónaco (31), periodista de Radio Universidad y de Canal 10, delegado del Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba (CISPREN). Ella fue madre de una niña, 25 días antes de ser secuestrada, el 11 de enero de 1978, en Villa María.

Sus compañeros habrán de publicar que les robaron dinero, bienes y un auto; que Vergez los interrogó y Carlos Villanueva era el jefe del centro de detención. (Fuente: Heroesdelprterp)

Cuando la beba creció, su tía, la cantante Liliana Felipe, le contó el noviazgo con Fontanarrosa; algo a lo que se refirió Joan Manuel Serrat, en una reunión con Hijos: “Ester fue muy importante en la vida de Roberto”. Así, en 1997, cuando el dibujante dio una charla con Quino, en Córdoba, la veinteañera lo encaró: “Hola, soy Paula, la hija de Ester Felipe”. Con la tía Liliana tocó el bajista Franco Fontanarrosa (h) en un concierto por la TV Pública. “Para mí fue conectarme con una parte de la historia de mi viejo”, definió él.

Liliana Felipe, concierto en la Ex-Esma

En conferencia

El juez Hugo Vaca Narvaja presentó a los familiares en conferencia de prensa, al día siguiente del 50° aniversario del secuestro del chico de 16 años, y del 94° cumpleaños de la madre del desaparecido Ferreyra, quien había dejado de hablar hace meses hasta que supo que podía volver a preguntar por su hijo. Durante el acto, se habló de “encuentro” más que de hallazgo. Entre los agradecimientos a científicos y juristas, se incluyó al comandante local del Ejército, general de Brigada Gonzalo Roberto Herrera. En la tierra de monseñor Raúl Primatesta, varios compartieron una impronta religiosa; la hija de Taborda, con nueve víctimas familiares, dijo “tuvimos la gracia de Dios de que nos dejaran con mis abuelos”; La de Bustos, para hablar de justicia, apeló a dos bienaventuranzas bíblicas.

Se mencionó a los impulsores de las querellas, como Adolfo Pérez Esquivel y Horacio Verbitsky, quien el 9 de junio de 2004, a casi una década de obtener la confesión del marino Adolfo Scilingo, publicó Mancha venenosa la primera admisión de un oficial del Ejército en actividad: el teniente coronel Guillermo Bruno Laborda, en un descargo, le reprochaba a su Ejército el retraso de su ascenso a pesar de su participación en “fusilamientos y remoción de cadáveres” entre 1977 y 1979.

Luego de que en esta semana los familiares se expresaran, todos se despidieron hasta la próxima conferencia con la esperanza de “notificar más identidades”.

JF Córdoba N°3 – Expediente 35009693/1998


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