Foto: Ambulancia del hospital de Wilde.

Al inicio de mayo de 1973, asumieron los legisladores previos al recambio de los poderes ejecutivos. Si en el Congreso, el FreJuLi tenía a diputados de centro izquierda como Armando Croatto o Carlos Kunkel, que juró vestido de guayabera, en los Concejos Deliberantes (HCD) del conurbano asumieron personeros de rancia derecha (salvo en Lomas). En Avellaneda, Herminio Iglesias se hizo acompañar por Julio Soiza. En Lanús, Manuel Quindimil puso 1º a Alberto Belén (UOM). En Echeverría, Oscar Blanco llevó al pesado Rubén Dominico (11º).
En Quilmes, presidirá el HCD el primer edil, Indalecio Bebe Castro, secundado por Constantino Tino Pérez, cuyos custodios irán a la AAA.
El lunes 18 de junio, El Oso Jesús Ranier fue convocado a la porteña confitería El Olmo por el general Miguel Angel Iñíguez (COR), un eterno conspirador que mantenía contacto con otros sectores de la Resistencia como los de Envar Cacho El Kadri.
El aviso que El Oso recibió fue conocido por su compañero, Eduardo El Indio Allende, quien regresó a Quilmes, agitado:
–(Alejandro) Giovenco y otros van a armar lío. Avisamos; no sé si me darán bola.
Al otro día, Carlos Baglietto leía El Sol; FAR y Montoneros sostenían:
“La Alianza Nacionalista; la CNU; las supuestas juventudes sindicales y los comandos de seguridad son provocadores en nuestras filas”.
Sus compañeros de zona sud se concentrarían en la rotonda de Llavallol. El primer grupo que acampó con fogones fue el del Barba Francisco Gutiérrez. A medianoche, partieron otros desde Solano.
En la mañana, desde el triángulo de Bernal, salía el intendente.
–¿Y el resto de la Municipalidad, José (Rivela)?
–Después vienen Terrizano, Cabeza y otros con los micros.
Eran los que se cansaron de esperar en la casa de Bebe Castro. Allí funcionaba el Nucleamiento Videla, cuyo secretario era José M. Heras, mientras el Polaco Hugo Dubchak, Juan Ripa, Mario Piraíno y los buenos muchachos se calzaban armas ante la mirada absorta de Carlos Sueldo para, tras el plantón, marchar a pie.
En micros de la UOM hacia el puente, el vandorista Armando Ledesma supo:
–Quedate tranquilo, ya está copado todo el palco y el escenario.
Allí, con las primeras horas, vio aumentar la cantidad de ebrios:
–Defendemo’ al general de lo’ enemigo’. ¡Lo’ vamo’ a matar!
En cambio, miles de Avellaneda en la columna de Enrique Arrosagaray cantaban ante cada puesto policial “vean, vean, vean, que manga de boludos; ahora la picana se la meten en el culo”.
Ponían cara de nada el oficial principal Arturo Carlos Figueroa –acusado de torturar por el juez Arturo Madina– y sus camaradas de la Brigada Avellaneda: Ruben Buhot; Roberto Mario Rocha, Velti Mario Edio Baez, Francisco Eulogio Pandullo, Carlos Horacio Sánchez, Manuel Eulogio Cortez, Andrés Alejandro Robledo, Antonio Enrique Hudson, Mario Delfín Rojas…[1]
[1] Es la primera vez que se publican estos nombres, que tomé de la Causa.
Se habían concentrado en la escuela 37 para ponerse a las órdenes del comisario inspector Dengra en la seccional local, con la directiva de evitar enfrentamientos entre grupos peronistas antagónicos.
Otros que observaban esas columnas eran el subcomisario Rodolfo Orlando Peñalba y el también numerario del Servicio de Inteligencia de la Policía de Bs. As., oficial principal Raúl Oscar Bonafini.
Orueta se topó con los ex marinos Ricardo Hirsch y Aníbal Acosta, sublevado de la ESMA, al que dejara esperando las armas en Lomas. Incómodo, los alejó del grupo en que seguía infiltrado por la Fuerza Aérea.
Bajo la gran imagen de El Viejo, Eduardo Rulo Schiavo compartió:
–La consigna es avanzar hasta el palco.
A uno de FAR con fusil bajo el poncho, Julio Carrilero le preguntó:
–¿Qué seguridad, vamo’ a decir, dan esas armas entre la gente?
–Tu responsable es el Gringo. Hablá con él –fue la seca respuesta.
A su lado, en jeep, junto a Nell, pasó otro FARol, el boliviano Antonio Quispe, que a sus 26 años morirá allí, al igual que Horacio Beto Simona. En sentido inverso, el auto de Kunkel pasó rumbo al comedor El Mangrullo mientras Croatto seguía la columna sur.
Al puente 12, el grupo de Cora Otamendi pudo llegar después de 40 cuadras de caminata hasta parar a comer unas milanesas.
Por detrás, con el sol en lo más alto, llegaban los de Solano. Hubieran tardado más horas si hubiesen obedecido al Comité de centro derecha que mandaba acercarse por el frente.
–Se han detenido varios vehículos con la sigla FAR y FAP –radió un móvil a las 13.40. Era el grupo en que iba El Indio ya sin El Oso.
A esa inmensa JP con banderas y estandartes de Montoneros, se sumó el grupo del Barba. Donde termina el barrio Echeverría, deliberaron. A cien metros, tenían el Hogar Escuela; al noreste, una arboleda, similar a otra del oeste; en el medio, el escenario.
–Esos fachos no nos van a dejar lejos de Perón.
Su rodeo al escenario fue repelido desde el palco a las 14.30. Se tiraban a tierra ante los disparos que, oídos desde donde Cora almorzaba, hacían que hombres, mujeres o chicos se atropellaran. Algunos, hacia el barrio, detrás del palco; otros, hacia el bosque, como Cristina Fernández –quien fue con su madre–.
Manuel Gallardo, quien fue a parar lo que pudiera, supo que una bala de FAL atravesó a Juan Carlos Ferrando, de Avellaneda: operado en el hospital local, sobrevivió. No sabría que en el bando de enfrente estaba un conocido de Dock Sud, Juan José Rincón (23 años) secretario de prensa de la JotaPerra de su ciudad, con Alfredo Faraci.
Rincón buscó detrás del palco a su novia M. Cristina Rodríguez, que debía estar con tres ambulancias, en una de las cuales él llevó a un herido. Hizo varios viajes hasta que vio la de su novia, rodeada. Temió que fueran Montoneros mientras un grupo con gomeras y tuercas lo obligaba a bajar para confirmar si era la que ametrallaba.
Ninguno reparó en que eran de la misma JSP de centro derecha, cuyo brazalete Rincón guardaba dentro de la campera. Quienes lo creían zurdo, lo reclamaron desde el palco donde hablaba Favio; levantado de los pelos mientras los de abajo lo sujetaban de los pies porque querían matarlo ahí, hasta que la puja se saldó hacia arriba, donde el pelado con anteojos oscuros quiso darle un culatazo y lo metieron en una cabina, prisionero junto a Leonardo Torrilla, reconocido por Caballo Loco, de Quilmes.
Bautista Coco Mojica, de 25 años, con un amigo de Wilde, vio que tiraban a uno desde unos bafles antes de destriparlo.
Raúl H. Obregoso, de Melchor Romero, moriría a los 18 años.
–Los que estaban con la bandera de JP Quilmes o Lomas fueron los primeros en caer. Corrimos; caí; mi novio regresó por mí y un tiro le dio en el pecho. Murió en mis brazos.
BSS, de 19 años, exhibe una polera ensangrentada y llora.[2]
[2] Del diario El Día.
Herido por perdigonazos, casi rodeados, dos buscaban abrirse paso con sus revólveres. Cuando el compañero quedó sin balas, Gringo Pablo van Lierde compartió las dos que le quedaban:
–Tomá; si no salimos, al menos les bajamos uno cada uno.
Rubén M., de La Cañada, vio cómo alguien caía –o se tiraba– sobre otro armado, que disparó desde el suelo y lo hizo saltar sobre sí.
Con un balazo en el pecho, una chica cae; otro recibió un tiro desde francotiradores en el bosque. En el suelo, entre los músicos, veo a dos jóvenes correr a campo traviesa; tiroteados por varios con un pie en tierra; llegan hasta un zanjón donde son rodeados por una docena que los golpea y arrastra de los pies con la cabeza chocando el suelo hacia el palco; a la derecha, el auto de la agencia está en llamas.[3]
[3] Texto escrito sobre el escenario por el corresponsal de Latin.
Los arrastrados por los del palco iban a ser torturados. Otros fueron ahorcados con sus cinturones en los tubos bajo el escenario. En los campos quedaba lo que fuera la mayor concentración argentina: millones de tristes sin rumbo mientras se venía la noche.
Rincón y Torrilla, que vieron operar gente hasta en la cocina del Hospital, salieron en ambulancias. Rincón no supo qué le habían dado para entrar en calor, pero durmió hasta llegar a la Municipalidad de Avellaneda.[4]
[4] Rincón vive en Claypole. Su nombre me fue dado por Jorge Tronqui en 2002. Años después, quien subió a la web una entrevista fue el periodista más indicado, Enrique Arrosagaray: El hombre que fue izado de los pelos (2009).
Rodolfo Trevisani (JPRA) se cruzó con uno de GdH, otro de JSP y uno de JP; se recelaban, aunque ninguno quería enfrentamientos.
Arrosagaray, que lejos del palco había sentido los tiros por encima, regresó cabizbajo, en una columna cada tanto interrumpida por algún coche del que agitaban un trapo para indicar que llevaba heridos.
El Barba y doce del grupo caminaron mucho hasta subir a un micro rumbo a Constitución, donde tomaron el tren a Quilmes; aunque mascaban bronca, eso no era nada comparado con que Perón los culpara.
… 250 heridos contabilizaba El Día; Clarín publicó las fotos de las tarimas para francotiradores, imposible de colocar por nadie ajeno a la organización de Jorge Osinde. El Sol, con fotos de la salida con micros y banderas, tituló: “Agredida por perturbadores”…
–Pero, ¡estos se comieron que fuimos nosotros! Escuchá: “Los primeros agresores bajaron de autos y dispararon contra el palco”. ¡Eso se lo dictaron en la Municipalidad! –clamó Lucho Morello, vocero de la JP.
… YA SE SABE DE DONDE PROVIENE EL ATAQUE. Y, en recuadro, FRANCOTIRADORES, daba cuenta del intento por “tomar” el Policlínico, lo que produjo más víctimas.
Recién a la tarde, Rivela supo que los suyos estaban bien.
–Esos zurdos querían matar a Perón –repetía.
Lucho Morello apretaba los labios. Tomó lápiz y papel:
“Atrás, estuvo la Kennedy, la CIA, CNU, los sindicalistas, Osinde a cargo. Sus grupos debieron recurrir a carabinas, FAL e Itakas para compensar que no movilizan más que a 300 mercenarios. Se intentó sacar de los hospitales a los de la JP heridos”.
Sacerdotes Tercermundistas de Varela y Quilmes mediaron:
–No podemos silenciarnos ante este atropello de bandas armadas, en apariencia vinculadas a funcionarios. Hay que impedir que la Juventud de la patria sea marginada del proceso.
El lunes 25, El Sol publicó la otra versión. Participantes de Berazategui en once colectivos y dos camiones, revelaron:
(…) Desde el palco se inició el tiroteo y, a su derecha, desde la arboleda, unos con boinas verdes. ¿Cómo accedieron a un lugar custodiado con celo por el teniente coronel Osinde, presidente de la Comisión de Recepción, así como miembros del CdeO y de la JSP? Desde los árboles los francotiradores descargaban sobre el palco. La delegación Berazategui quedó entre dos fuegos y dentro del cordón formado por SMATA. La circunstancia de hallarse en la guardia un amigo, permitió abrir una brecha de escape. No obstante, hubo heridos de bala: Alberto Nicolosi y una chica. Dos jovencitas en el Hogar Escuela quedaron de rehenes. La delegación Berazategui no considera descabellado el apoyo de la CIA y de la OAS que luchó contra Argelia.
Más detallado fue el informe de Horacio Verbitsky a Montoneros:
“Quilmes y Avellaneda suministraron material y personal. Una Uzi portaba Hugo Duchart, de la UOM, colaborador de la Brigada Policial de Avellaneda…”.
“Duchart” era Dubchak; Piraíno figuró “Firmaino”; de la ciudad de Herminio mencionó a Ameal, Cevallos, Cisneros, Julio Arron, Miguel Di Maio, Carlos Iribarnegaray, Carlos Poggio, Jorge Vallejos, como a los quilmeños Mango de Hacha Lépora y Juan Carlos Caballo Loco Nieco (quien liberó a Rincón y Torrilla).[5]
[5] Rivela me dijo que no los recordaba. Podrían haber sido del bando de Bebe Castro y, por eso, considerados “de la Municipalidad”.
“… Cacho condujo a medio centenar de adolescentes de Quilmes que relevaron de la custodia a los Halcones…” (que vio Armando Ledesma).
“… 13 muertos y 355 heridos; de 73 identificados, 34 (el 46%) eran de la columna sur”. Entre ellos estuvo Norma Arrostito.[6]
[6] Adriana Saidón: La Montonera (2005: 97)
Tino Pérez arrojó un pliego sobre el escritorio:
–Mirá, Bebe, lo que publicaron de vos, del Polaco y los pibes. En Gente también salió una foto del Oveja con un arma larga.
–Cuando me llame el juez, hablamos –le extendió El Sol:
“Sensata posición de un Nucleamiento juvenil: investigar”. En Quilmes, tenemos bancos extra nacionales que podrían auxiliar creaciones populares como el Banco Municipal, proyecto del concejal Castro para aliviar la escasez de viviendas; no es posible que la banca haga negocio y la gire al exterior en forma de supuestos secuestros.
[7] Crónicas de El Sol; entrevistas con Tati Iglesias.
El padrino de CNU, desde el Nucleamiento Videla que tiroteó a la gente, le pegaba de taquito a la guerrilla y corría el eje del debate.
Ese martes 26 en que publicó el informe de la Columna Sur, El Desca también reprodujo la voz de la JP en una mesa con Kunkel y otros cuatro entre los que Croatto advirtió:
–No envaselinaremos las armas.
Al otro día, Julio Meinvielle (68 años), fue atropellado por el auto Nº 1 de la Intendencia de Varela, conducido por Alcides Cortez, que sin motivo aparente iba por la muy porteña Av. 9 de Julio. El cura que adoctrinara a Tacuara, GRN y CNU, embestido, murió.
Bebe Castro junto a Tino Pérez dieron una conferencia de prensa:
–Está confirmado por los servicios de informaciones que Quilmes era una de las cinco comunas a ser tomadas.
El 13 de julio, la centroderecha apuró el reemplazo del presidente Héctor Cámpora por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara baja del Congreso:
–¡Trotskistas! ¡Viva Rucci! –coreaban las barras.
Croatto, una semana después, puso en escena un atentado que vinculó “con la difusión de que los diputados de JP seríamos expulsados”.
La mentira justificaría una custodia.
A fin de mes, al reestructurar el Consejo Superior Peronista, se quitó representación a la JP de centroizquierda: Abal Medina fue reemplazado por Julio Yessi y su Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA).
Así terminó de consumarse el golpecito de Estado.
Muy ilustrativo!
Te olvidaste de mencionar a Fermín Jeanneret
¿Sabés qué hizo ese día? Contame y lo agrego.