El 92% de los hogares acumula deudas en un contexto donde la tarjeta de crédito dejó de financiar el progreso para transformarse en la herramienta para comprar comida. El debate por la morosidad récord y las alternativas legales para proteger el ingreso frente a la indiferencia oficial.
Por Mariano Bukcovac

El endeudamiento en la Argentina dejó de ser un fenómeno transitorio o asociado a la adquisición de bienes durables. En los hogares la deuda se ha consolidado como un componente estructural del presupuesto mensual, funcionando como un respirador artificial para complementar ingresos que resultan crónicamente insuficientes frente al costo de vida. Según el último informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 92,3% de las familias del país registra algún tipo de pasivo, revelando una transversalidad que golpea de lleno a la clase media y a los sectores trabajadores.
El dato más sintomático del cambio de época radica en el destino de esos fondos: el 62,5% del financiamiento con tarjetas de crédito se utiliza hoy para la compra de alimentos y medicamentos. Las familias ya no se endeudan para cambiar el auto o refaccionar la casa, sino para sostener el consumo cotidiano en la caja del supermercado. Cuando el salario se agota —habitualmente alrededor del día 20 del mes—, el plástico se convierte en la única barrera para evitar el desabastecimiento de la heladera familiar.
El impacto en la salud mental y la vida cotidiana
Este estado de alerta financiera permanente derrama de forma directa sobre la estabilidad emocional de los hogares.
“El sobreendeudamiento estructural altera profundamente la dinámica familiar, instalando una atmósfera de desamparo y ansiedad crónica. Cuando la deuda se contrae para cubrir necesidades básicas como la comida o los servicios públicos, desaparece la perspectiva de futuro y el proyecto de progreso personal. El sujeto cae en una constante sensación de vulnerabilidad, donde el teléfono celular se transforma en una fuente de hostilidad por los reclamos de pago, deteriorando los lazos afectivos y la salud mental del entorno de manera silenciosa”
Gabriel Breard, psicólogo (UBA) MN 84.615
Frente a este escenario que mantiene a casi 6 millones de personas en situación de mora irregular, la respuesta de la administración nacional ha sido la estricta prescripción doctrinaria: desde el Ministerio de Economía se ha insistido en que la morosidad y las tasas de interés son «un problema entre privados» que debe resolver el mercado sin intervención estatal. Sin embargo, la desregulación financiera ha disparado el Costo Financiero Total en los canales de crédito no bancarios a niveles que asfixian cualquier capacidad de repago.
Respuestas legales para defender el bolsillo del trabajador
Ante la falta de redes de contención públicas, el laberinto de las deudas suele empujar a los afectados hacia situaciones de desespero legal, expuestos a intimaciones abusivas o llamadas extorsivas por parte de estudios de cobranzas. [1]
Para contrarrestar estos abusos, el derecho ofrece herramientas técnicas destinadas a reordenar las obligaciones sin sacrificar la subsistencia básica. El abogado Lucas Martínez Passenheim, titular de Defensoría del Deudor, destaca la importancia de buscar asesoramiento especializado:
“La asfixia financiera muchas veces paraliza a la gente por temor o desconocimiento, pero es fundamental entender que los acreedores tienen límites legales que no pueden vulnerar. Desde nuestro espacio trabajamos para devolverle la tranquilidad a los hogares a través de la vía jurídica formal. Intervenimos mediante cartas documento y notificaciones específicas para frenar los acosos telefónicos, revisar los intereses usureros que imponen muchas financieras y abrir plazos de tiempo reales que le permitan al trabajador organizarse. Nuestra tarea es trazar una estrategia técnica y humana que resguarde el carácter alimentario del sueldo; la prioridad absoluta siempre debe ser que las familias vivan con dignidad y sostengan su calidad de vida mientras se canalizan las soluciones legales correspondientes”
Lucas Martínez Passenheim, abogado (UBA)
El frente juvenil: la ludopatía digital en el hogar
Este escenario de asfixia financiera generalizada encuentra un agravante silencioso en las habitaciones de los más jóvenes. La franja de entre 16 y 20 años vive su propio fenómeno de endeudamiento a través de microcréditos digitales y billeteras virtuales, muchas veces empujados por el auge de los casinos virtuales y las apuestas online. Cuando el presupuesto familiar ya está al límite, el desespero de los chicos por las deudas del juego digital termina por detonar la estabilidad de la casa.