ONDULA LA PANTERA

Por Víctor Zawistowski

Assata (la que lucha) Shakur.

“R/evolución significa proteger a la gente, las plantas, los animales, el aire, el agua. R/evolución significa salvar este planeta. R/evolución es amor”.

El privilegio de la muerte

La Alemania nazi; Sudáfrica con apartheid; la India de castas; el EE.UU. segregacionista; Palestina con genocidio… obligan a preguntarnos sobre la condición humana. ¿Océano o desierto? Siempre se camina por un corredor hacia la muerte. Las razones han sido dignas de sospecha, como Desdémona, la amante esposa del negro Otelo, que se fugó a Chipre con él, por amor, leal y fiel siempre. Pero su consejero Yago acumuló chismes y mentiras en el oído de Otelo. De nada sirvió la verdad. Lo oscuro, siniestro y pérfido triunfó: Otelo asesinó a Desdémona; después, se suicidó. Antes, declaraba:

«No derramaré su sangre / ni marcaré su piel más blanca que la nieve / y lisa como el alabastro monumental»

Desdémona había confesado:

Jamás consideraría ser infiel, sin importar las circunstancias”.

Los señores de la muerte

“Nadie en el mundo, nadie en la historia, ha conseguido su libertad apelando al sentido moral de quienes lo oprimían”.

Theodore Roosevelt catalogó la matanza de indios sioux como una matanza humanista:

“La guerra más justa de todas es la guerra contra los salvajes (…) Los únicos indios buenos son los indios muertos”.

Como dijo el racista y genocida Winston Churchill, por entonces ministro de Guerra:

Estoy totalmente a favor de utilizar gases venenosos contra las tribus no civilizadas”.

 Donald Trump, presidente de EE.UU., esta dichoso, han aparecido miles de volantes del KKK (Ku Klux Klan):

“Denuncie a los inmigrantes, deben ser deportados”.

 John Edgar Hoover, director supremo del FBI:

“El comunismo no es una ideología es una enfermedad, hay que extirparla”.

Ruge una pantera, muchas, tantas

La pantera no ataca, mira sigilosa; si la agreden, retrocede; después desata su furia hasta despedazar todo lo que encuentra a su paso.

Nació como Joanne Deborah Bryon Chesimard; después, en honor a sus raíces afroamericanas, Assata Shakur.

Nueva York escuchó su primer llanto un 16 de julio de 1947; en Carolina del Norte, donde ser negra significaba morir pronto de bala, cárcel o colgada de un árbol. El Ku Klux Klan, la ley del gatillo sensible, dueño de las antorchas que queman casas; orden y justicia de su propia biblia, siempre con la muerte negra en la mira. Cada negro/a que nacía debía saber que debía aceptar dos vacunas para soportar su peste: segregacionismo y supremacismo.

Crecer en una sociedad donde se respiraba rechazo, una atmósfera racista. En ese clima desayunaban, comían y cenaabn millones de personas, de todas las edades, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en el autobús o en los servicios de una gasolinera. La consciencia de Assata crecía rápido, tan veloz que asustaba. En la década del ’60, la revolución por los derechos civiles con Martin Luther King fue su primera arma. Los libros para el conocimiento en el Manhattan Community College y sus primeras rebeliones fueron en el City College of New York, donde ninguna lucha resultaba indiferente. Allí aprendió para siempre, represión mediante, que:

Nadie les dará la educación que necesitan para derrocarlos. Nadie les enseñará su verdadera historia, ni a sus verdaderos héroes, si saben que ese conocimiento los ayudará a liberarse”.

No se equivocaba.

Convivir con la justicia blanca sin morir en el intento

Empieza a rodar una búsqueda de identidad: Las Panteras Negras. El pueblo negro descubría que los dioses se acordaban de ellos. Los Panteras rugientes son hijos legítimos de Malcolm X más que de Martin Luther King. Los fusiles brillaban en sus manos; la legalidad de las armas bendecía a los ofendidos, el tiempo del pacifismo, la otra mejilla, la obediencia eterna, son sólo fragmentos bíblicos, porque nunca se abandonaron las cadenas, sólo se ofrendaron nuevas víctimas al dios de la resignación.

Ya entonces, Assata creía:

«Toda revolución en la historia se ha logrado con acciones, aunque las palabras son necesarias. Debemos crear escudos que nos protejan y lanzas que atraviesen a nuestros enemigos».

Desde su creación en 1966, todos las bombas, tanques, cañones y fusiles apuntaban a las panteras. Edgar Hoover, director del FBI (Oficina Federal de Investigación), comenzó la cacería. Fama no le falta, ninguno de los ocho presidentes de Estados Unidos desde 1924 a 1972 pudieron echarlo. Durante los 48 años su mano de hierro desconoció límites: la caza de brujas, el macartismo, las causas inventadas, traición a la patria sin juicio previo alfombran su prontuario. En sus archivos figuraban Marilyn Monroe, Arthur Miller, Charles Chaplin, Pablo Picasso, Elvis Presley y John Lennon. Hasta el genial Marlon Brando estaba en la mira del FBI.

El periódico Los Panteras Negras elevaba la mirada y el horizonte se acercaba, cada rincón del mundo encontraba eco en sus páginas: Zimbabue, Angola, Chile, Vietnam, Filipinas, Irán… un mundo sin fronteras. Su explosiva repercusión exaltaba más a Hoover, quien ordenó su exterminio y los declaró Enemigo Público N° 1 de EE.UU. En cada ciudad, estallaba la violencia, los locales del Movimiento son el blanco, destrucción, hostigamiento, cárcel y el calumnioso bombardeo periodístico recorrían el país. La locura represiva no tuvo límites. La ley descansaba en un escondido tacho de la basura, detenían y asesinaban con saña a los líderes. Transcurría 1967, a un año de su creación, los Panteras ocupaban más atención que la guerra de Vietnam. Assata sentía la limpieza étnica, si un negro/a se movía estaba muerto.

Cada mañana, tarde o noche nacía un nuevo Pantera. Desconcertado, Hoover enloquecía de ira; buscó y encontró una Solución final. Tan escondida en los archivos secretos, la droga, la heroína, será el gran exterminador. La guerra comienza. Los zares de la droga agradecían el negocio de las zonas liberadas, la sustancia tóxica barata o gratis inundó los ghettos. La perdición avanzaba. En 1970, había 300 mil adictos; décadas después, son 27 millones y 66 millones los alcohólicos. ¿Quién sembró el germen maldito?

¿Dejamos de ser esclavos?

Assata aprendió la doctrina de mirar a los ojos al supremacismo blanco, no decir jamás, “Sí, señor”; cantar “Hey Joe” del mago negro, guitarrista zurdo Jimmy Hendrix, música réquiem para el asesinado predicador Martin Luther King. Un gatillo blanco en manos negras no entiende de paz. Brotó de su alma otra voz, la de Aretha Franklin en Rezo una pequeña plegaria, inconfundible himno que recorría los destartalados locales incendiados por la policía. Resucitaban los muertos, los vivos continuaban sirviendo desayunos en los barrios pobres, alfabetizando con una educación para negros, brigadas de salud son la medicina de los olvidados. Los Panteras volvían a rugir. Su nuevo enemigo, la heroína, era casi invencible, se necesitaba tiempo, sudor y mucho dinero para nacer de nuevo. Peor aún, creaba lúmpenes sin normas de vida.

En Oakland, la patria chica, la cuna del movimiento tuvo miles de ojos vigilantes, miles de fusiles que apuntaban y nuevas derrotas los esperaban. No existía el sueño placentero en Oakland, los ojos abiertos no alcanzaban, todo era peligro. Ninguno podía controlar el delirio revolucionario, el derecho siempre trunco a la autodefensa, ya nadie ocultaba el negro rizado del cabello, símbolo indisimulable de negritud. Cree Assata:

“Hay que desmontar los falsos mitos: la independencia de EE.UU, Lincoln o los ídolos pop como Elvis”.

La lucha emancipatoria se convirtió en un arco iris. Assata y el activismo contra la guerra de Vietnam, la Revolución Cubana y la descolonización en Africa. Recorría Berkeley y San Francisco, estimulaba sus sentidos la levadura en los campus universitarios, comunidades originarias que ocupaban la isla de Alcatraz por la autodeterminación, las poblaciones chinas tan numerosa y segregadas se organizaron en las Guardias Rojas. Los trabajadores comenzaban el lento aprendizaje de entender que las luchas colectivas eran las únicas que podían triunfar. El obrero explotado era un negro segregado, cadenas contra cadenas. Entre algunas certezas las tantas dudas, interrogaba Assata:

¿Estás listo a sacrificarte para acabar con el hambre en el mundo? A sacrificarte para acabar con el colonialismo; para acabar con el neocolonialismo, para acabar con el racismo, para acabar con el sexismo?

Siempre el precio es muy alto, cuesta a veces la vida. ¿Te preguntaste por qué?

La cárcel, el silencio de los inocentes

Las Panteras caen en las garras del demonio, un demonio con mil rostros: la heroína, el FBI, la cárcel, la pobreza, un sistema depredador con la negritud.

La desgracia camina con ellos por las calles, es una inmensa diáspora, la búsqueda de nuevo mejor destino, la clandestinidad, los amigos son casi ninguno, los enemigos casi todos. Assata llega al Ejército de Liberación Negro, clandestina. Su color de piel la convierte en siempre prófuga. La muerte con uniforme de policías blancos andaba siempre por ahí, tras un tiroteo, un agente cayó muerto. Es acusada por el asesinato del agente Werner Foerster y todo el peso de la injusticia se avalanzó sobre su negritud. No importó que no hubiera restos de pólvora en sus manos, que las balas le inutilizaran el brazo derecho y le atravesaran un pulmón. Un policía blanco muerto valía más que un millón de negros. Su paso por el infierno no la privó del castigo, la violación sistemática y la permanente humillación.

Los imposibles cruzaron de vereda en 1979, se fugó de la prisión de máxima seguridad de Hunterdon County. ¿Cómo es la vida de una fugitiva negra con una recompensa de 1 millón de dólares? Una pantera acosada, vigilada, perseguida, hostigada, acorralada, sentía que su cabeza estaba bajo una guillotina un instante antes de que se soltase la cuerda. Entonces, Cuba. Los cinco años que la separaban hasta llegar a la isla fueron un dibujo perfecto de los cuentos fantásticos. ¿Cuál es un lugar seguro? Los mastines con uniforme olfatean todo. Assata, acostumbrada a confundirse con las sombras, en las sombras vivió.

La más negra de las panteras, la más buscada

Cuba, cuna y tumba de revolucionarios/as le brindó asilo político en 1984; un guante negro golpeó el rostro del imperio. La recompensa tarifó la vida de Assata, ahora en 2 millones de dólares. El Congreso unánime, incluidos los congresistas negros, solicitó la extradición. Pero la oferta era insuficiente, había que recurrir al espanto. El 2 de mayo, su nombre Assata apareció en la lista del FBI entre los terroristas más buscados. La integridad no siempre se compra o se vende; Cuba es pobre pero dignidad sobra y es revolucionaria. La negra Assata Shakur vivió 40 años en la isla, donde nunca perdió la sonrisa.

En 1998, dos titanes frente a frente, dos discursos, uno de bienvenida y otro de bienllegada colisionaron como dos aviones en vuelo. El Papa Juan Pablo II casi le exigió a Fidel Castro la extradición de Assata, un gigantesco cartel le respondió: “Saquen las manos de Assata”.

En tiempos de derrotas, el triunfo es sobrevivir

El imperio nunca acepta la derrota, y sus armas tienen un nombre: “El fin justifica los medios”. El gran jefe católico regresó con las manos vacías, para pesar de cada presidente de EE.UU. -Obama incluido-. En nuestros días, Marco Rubio, secretario de Estado de Donald Trump, amenazó una vez más a Cuba. No hace falta aclarar la contestación. La muerte no sorprendió a Assata; la tierra recibió a una mujer libre, por lo que tanto había luchado.

Resucitan caprichosas sus convicciones y la memoria juega a la ruleta rusa, pero están todas la balas menos una y el disparo no es muerte, es Cuba. Aparece una jovencita idealista, la más negra de las panteras, cuando la utopía sentencia:

“Antes de volver a la universidad, sabía que no quería ser intelectual, pasando mi vida entre libros y bibliotecas sin saber qué demonios pasa en la calle. La teoría sin práctica es tan incompleta como la práctica sin teoría. Ambas deben ir de la mano”.

Igual que la otra negra infinita, Angela Davis -aún entre nosotros-, coinciden en que las esclavitudes de los siglos anteriores son, hoy, los encierros en prisión. Negritud y cárcel caminan siempre juntos.

“Las cárceles son un negocio rentable. Son una forma legal de perpetuar la esclavitud. En todos los Estados se construyen cada vez más cárceles y hay aún más en proyecto. ¿Para quiénes son? Desde luego, no planean encerrar a personas blancas. Las cárceles forman parte de la guerra genocida de este gobierno contra las personas negras y del Tercer Mundo”.

En la evocación está el secreto. Ser negra es ser culpable. ¿A quién le importa la inocencia, cuando entre 30 años y cadena perpetua bailan en el horizonte y en un rincón la pena de muerte espera sin apuro?

Stanley Cohen, abogado de Assata en el juicio de 1977, tiene un plan perfecto para la defensa, nuevas revelaciones, pruebas y documentos entusiasman. El dueño de la última carta muere, con tanto misterio como se muere en EE.UU., sin culpables.

“¿No sabés que la esclavitud estaba prohibida”

“No -dijo el guardia- te equivocas. La esclavitud estaba prohibida con la excepción de las cárceles. La esclavitud es legal en las cárceles”.

Lo busqué y, en efecto, tenía razón. La Decimotercera Enmienda de la Constitución dice:

“Ni la esclavitud ni la servidumbre involuntaria, excepto como castigo por un delito del cual la parte haya sido debidamente condenada, existirán en los Estados Unidos y en cualquier lugar sujeto a su jurisdicción”.

Las panteras hacen camino al andar

Alumbró en Oakland, Huey Newton y Bobby Seale luces fundacionales, activistas negros, marxistas, internacionalistas, incorporaron a las minorías gay, al LGTB, integraron a las comunidades interraciales y étnicas, la contracara del sistema y una máxima:

«No se lucha contra el racismo con racismo, sino con solidaridad»

La organización comenzó a tomar vuelo con delegaciones en 48 estados y grupos de apoyo en otros países. El partido de las Panteras Negras lanzó más de 35 programas sociales comunitarios, llamados programas de supervivencia, todos significa comunitario: educación, pruebas de tuberculosis, asistencia legal, asistencia para el transporte, servicio de ambulancia máss la fabricación y distribución de zapatos gratuitos a personas de bajos recursos. En la cima, el Programa de Desayuno Gratuito para Niños (iniciado en enero de 1969), se extendió a todas las grandes ciudades estadounidenses con una filial del Partido. Aún hoy se brinda.

Mucha izquierda absurda se pierde en su laberinto, su liturgia concluye que la clase es la clase, que el género, la identidad sexual es cosa de minorías. Como si sólo tuvieran lugar hombres y mujeres heterosexuales, blancas, católicos e hinchas del Liverpool.

Aquellos sombríos barcos negreros

¿Alguien duda que el desarrollo capitalista de Inglaterra navegó durante tres siglos desde Africa cargados con esclavos? Mano de obra forzada, venta y ganancia sideral con cadenas incluidas. La negritud viajó a América e hizo posible dos milagros:

«Gracias al sacrificio de los esclavos en el Caribe, nacieron las máquinas de James Watt y los cañones de Washington»

Eduardo Galeano

Es bueno y siniestro detenerse en el traslado, la agonía entre la mierda y la comida sobre las manos con el ruido ensordecedor de las cadenas. Cualquier rebeldía o enfermedad terminaba en el fondo del mar.

El motor del capitalismo era negro y con grilletes, desde aquel infierno llegaron las Panteras Negras. A cada paso, un látigo sonaba en la espalda. El sometimiento llevaba siglos, en los ojos, en el cuerpo, en los sentidos de negritud, y nunca dejó de estar.

“Los gobernantes de este país siempre han considerado su propiedad más importante que nuestras vidas”

Morir no significa abandonar la lucha

Los buenos años finales de Assata en Cuba fueron el fruto de convicción y obstinación: “Libre o nada”. Su hija Kakuya dio la noticia. Elección de vida: el exilio o la eternas rejas. De pronto, tantas veces, caminando por el malecón de La Habana imaginó una tierra que quiere ser y todavía no puede.

Entonces apareció el mundo guaraní, cuando un tigre azul dormido bajo la hamaca del Padre Primero, despertó y rompió el universo actual. El poema de Galeano Promesa de América también se relaciona con esta leyenda, describiendo un mundo nuevo, sin mal ni muerte, naciendo de la aniquilación del actual, según la petición de la misma tierra.

Raíces y huellas

El después en cada historia tiene el raro privilegio de no dejarla morir, no aceptar que se oculte detrás de las brumas del tiempo y desaparezca lento el deseo más oscuro del sistema, su razón de ser. Fredrika Newton, hija de activistas negros, abrazada desde lo ideológico y físico al partido de la Panteras Negras, es dueña de una frase imborrable Amor revolucionario u otra que es su identidad Aprendí a marchar antes que a caminar. Es pareja de Huey Newton cofundador del partido. Aquella lucha parecía y fue pírrica: Matar o morir y Patria negra o muerte.

Fredrika caminaba donde la sangre corría sin cesar o sirviendo el desayuno comunitario en los “Programas de sobrevivencia” o en la Escuela para negros/as que marcó una época de excelencia en la educación. No hay casi nada que ella no haya hecho, hasta su capacitación universitaria y el derrumbe de la organización también fue el suyo. Su sonrisa iluminó cada paso, quien la recibía también se iluminaba. Y en todos los rincones, el amor revolucionario.

Las décadas pasan, la memoria parece quieta, pero no. De pronto, estalla. Fredrika escapa de la sepultura en el 2021; una calle es bautizada Dr. Huey. P. Newton en West Oakland, y aparece un busto muy cerca de donde los disparos le quitaron la vida. El mundo verde se asombra. El Servicio de Parques Nacionales crea una unidad Panteras Negras; en ella, la historia camina muy despacio para no perder detalle.

Cuenta Fredrika en sus charlas de Amor Revolucionario:

“Eran tiempos que los sueños imposibles eran nuestra sombra, camperas negras, fusiles a repetición, guantes de cuero negro, boina de lado y el puño izquierdo extendido”.

No será que los idealistas nunca son derrotados, siempre renacen?


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