PARTIO AURORA DEL MAR

Aurora Rosa Borello tenía 88 años.

La actriz de radioteatro vivió sus últimos años en un geriátrico, con el cuidado de su hijo Claudio Ortega, locutor de Bernal TV.

El apellido marítimo lo adoptó en los ’50, por sugerencia de la periodista María Ofelia. Llegada desde Bahía Blanca, bellísima, con un halo hollywoodense, Aurora del Mar sonaba a dama misteriosa, a nereida, a divinidad de las profundidades. Y se convirtió en hada del éter.

Experta en declamación, a los 13 ya era estrella juvenil de la radio en su Bahía natal, frente al micrófono de LU3 Splendid. Un directivo de Splendid de la Capital escuchó su vocecita, confirmó su gran desempeño y le dejó su tarjeta. Convencida de su vocación actoral, Aurorita movilizó a su padre, ferroviario, y a su madre, ama de casa. Un traslado familiar a la Ciudad de Buenos Aires posibilitó el comienzo de una gran carrera.

«A los 16, cuando encarnaba a la villana Mary Tilford, recibí una paliza de una oyente obsesionada, en la puerta de Splendid. ‘¿Es usted Mary?’, me increpó. ‘Soy yo’, le dije contenta, pero soltó un carterazo y me sentó en el suelo».

Hermana del alma de Lolita Torres, prima segunda del goleador boquense de los cincuenta José Pepino Borello, ​debutó en el teatro de una manera poética, después de que fuera a comprar un libro a una librería cuyo dueño era Juan Vehil, hermano de la actriz Luisa Vehil. El librero le advirtió que ella y Alejandro Casona buscaban una actriz y la llevó hasta el Liceo. Luego de una prueba, fue contratada para La casa de los siete balcones, iniciando una lista de trabajos junto a los más grandes del cine argentino.

Instalada en Bernal desde joven, donde fue Ciudadana Ilustre, una sala de teatro lleva su nombre (la del Complejo Cultural Don Bosco). Mirtha Legrand la llamaba con frecuencia. Su otra gran amiga fue Hilda Bernard, de 99 años, también alejada de la vida pública. Aurora no olvida que hace unas décadas, el día después de que Hilda ganó su Martín Fierro, llevó la estatuilla al aula donde dictaba sus clases actorales, en Bernal. Formas de compartir el triunfo con los aspirantes a actores y con esa mujer con la que había respirado tanto aire radial.

Su hijo locutor se encarga de reformular a diario el concepto de abrazo, con caricias a través de un vidrio.

«Fue una mujer muy luchadora desde sus primeros años. Mi padre se fue de casa cuando éramos chicos, por lo que ella trabajó de manera incansable para llevar adelante la casa».

Claudio Ortega

Claudio recuerda su infancia atravesada por la radio, en el viejo edificio de El Mundo. Tiempos de orquestas, de «oficinas como controles de aviones», de emisiones de lujo, de locutores de traje y gomina.

«En la Avenida Santa Fe, por ejemplo, se hacían desfiles de carrozas. Uno de los desfiles era con actores de la radio, y allí íbamos vestidos como los personajes del radioteatro», recordaba Doña Aurora. «También recitaba coplas antes de que cantara Julio Sosa». El cantante la llamaba La piba.

Fue un afamado radioteatro,Tarzán, auspiciado por Toddy, uno de los tantos trabajos de Del Mar. El programa que paralizaba a la audiencia infantil salía de lunes a viernes por las tardes. Estaba protagonizado por César Llanos, junto a Oscar Rovito. Mabel Landó era la novia de Tarzán y tras su salida la reemplazó Aurora.

En cine, Aurora debutó en 1953 en La mejor del colegio, protagonizado por Lolita Torres y dirigido por Julio Saraceni. Participó en más de veinte películas. No tenía representante y años después vivió lo que tantos actores: esperar a que el teléfono sonara. En 2000 fue homenajeada en el Senado de la Nación, junto a colegas como Fernando Heredia y Ana María Campoy.

Alguno la recordará por sus apariciones en películas dirigidas por Enrique Carreras (Los muchachos de mi barrio, Aquellos años locos, Corazón contento); otros, por ser Rosita la novia de Minguito Tinguitella (Juan Carlos Altavista) en el viejo Canal 11. En 1974, acompañó a Lolita Torres a la ex Unión Soviética, donde la cantante era furor. Recorrieron 17 estados como embajadoras argentinas.

«Tuve muy buenos compañeros, como la gran Nené Cascallar, que escribía y dirigía, Alberto Argibay, Bordignón Olarra, Olga Zubarry y Eduardo Rudy. La radio fue mi vida. Pasa todo demasiado rápido, por eso disfruten ese suspiro».

Hoy están despidiendo sus restos, pero su arte y encanto no mueren.

Así la despidió el hijo en sus redes :


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