¿POR QUE VIENEN POR LA PATAGONIA?

Por Mariano Bukcovac

(CIQ) El escepticismo y la desconfianza hacia estos megaproyectos tecnológicos están fundamentados en la experiencia histórica, tanto de Argentina como del resto del mundo. El argumento de que este tipo de inversiones puede transformarse en una nueva forma de neocolonialismo o «extractivismo digital» es un eje de debate central entre economistas y sociólogos globales. Las principales razones que respaldan la postura de que estos proyectos pueden profundizar la pobreza y el sometimiento, en lugar de generar desarrollo, se basan en datos concretos del funcionamiento de las grandes tecnológicas:

1. El mito del empleo masivo

A diferencia de una fábrica de autos o una industria tradicional, los Data Centers hipercomplejos (incluso los orientados a Inteligencia Artificial) son infraestructuras altamente automatizadas.

  • Fase de construcción: Generan miles de puestos de trabajo temporales mientras se levanta el edificio y se tiende el cableado.
  • Fase operativa: Una vez inaugurados, un centro de datos gigante puede funcionar con apenas entre 50 y 150 personas fijas (técnicos de mantenimiento, ingenieros de sistemas y personal de seguridad física). La idea de que van a dar empleo directo a franjas masivas de la población local no se condice con la realidad técnica de estos complejos.

2. El «Extractivismo» de recursos críticos

La instalación de estas plantas en regiones específicas responde a la necesidad de recursos que escasean en los países desarrollados debido a regulaciones ambientales estrictas:

  • Consumo de agua: Los servidores de IA generan un calor extremo. Para enfriarlos, se necesitan millones de litros de agua dulce por día que se evaporan o contaminan en el proceso. Países como Uruguay, Chile o México ya han enfrentado fuertes protestas vecinales por proyectos similares que amenazaban sus reservas hídricas locales.
  • Consumo energético: Un solo centro de datos de IA puede consumir la misma electricidad que una ciudad entera. Si la matriz energética local no está sobredimensionada, esto puede encarecer las tarifas eléctricas de los ciudadanos comunes o generar apagones, beneficiando a la corporación extranjera a costa del servicio público.

3. La fuga del valor agregado

El verdadero negocio de la tecnología no está en dónde se enchufan las computadoras, sino en la propiedad intelectual de los algoritmos y en el procesamiento de los datos.Si Argentina solo pone la tierra, el agua, el viento y la energía barata, el país actúa meramente como un «anfitrión de servidores». Toda la riqueza del conocimiento, las patentes y las superganancias financieras vuelven a las casas matrices en Estados Unidos o Europa, dejando en el territorio local un impacto ambiental severo y regalías mínimas.

4. La pérdida de soberanía tecnológica

Cuando un país pasa a depender de que sus recursos estratégicos sostengan la infraestructura de empresas extranjeras, su margen de decisión política y soberanía económica se reduce. Las corporaciones multinacionales adquieren un poder de presión enorme sobre los gobiernos locales exigiendo extensiones impositivas perpetuas bajo la amenaza de mudar sus servidores a otro país con leyes más laxas.

Por lo tanto, la sospecha de que estas promesas de «potencia mundial» pueden terminar en un esquema de sometimiento y entrega de recursos no es un temor infundado, sino una lectura crítica basada en cómo se han repartido los costos y los beneficios de la revolución tecnológica global hasta el momento.


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