Cuatro personas fueron víctimas del histórico caso de «gatillo fácil» en el sur del Conurbano. Hubo un único sobreviviente.
Este lunes comenzó el juicio oral y público por la denominada Masacre de Wilde, un emblemático caso de gatillo fácil ocurrido el 10 de enero de 1994, en el que cuatro personas fueron asesinados por efectivos de la Brigada de Investigaciones de Lanús. Los acusados fueron sobreseídos en múltiples instancias por la Cámara de Apelaciones y Garantías hasta que la Suprema Corte de Justicia bonaerense ordenó en 2013 reabrir el expediente y determinó que se trató de «una gravísima violación de los derechos humanos».
El debate comenzó a las 9 en la sede judicial en Presidente Perón 2463 (ex Camino Negro) y está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3, conformado por los jueces Marcelo Hugo Dellature, Luis Miguel Gabián y Claudio Fernández. Luego de los alegatos de apertura de las partes, se dará paso a los primeros testigos, que serán Raquel Gazzanego y Patricia Corbo, viudas de Edgardo Cicutín y Norberto Corbo; Claudio Díaz, el único sobreviviente de la masacre; y los policías que realizaron las actuaciones iniciales en la escena.
El juicio comienza a casi un año de la audiencia preliminar, en la cual la fiscal que estuvo a cargo de la acusación, Viviana Simón; los abogados de las cuatro víctimas y los defensores particulares y oficiales de los nueve imputados detallaron el procedimiento de presentación de pruebas. Los procesados que llegan a juicio son los excomisarios Roberto Mantel y Eduardo Gómez, el exoficial Osvaldo Lorenzón, los exsubtenientes Marciano González y Pablo Dudek, los exoficiales Julio Gatto y Marcelo Valenga, y el excabo Marcos Rodríguez, todos en libertad.
Por otro lado, el exsubteniente Marciano González sufrió un ACV hace poco más de un año y aún resta que se entregue una pericia médica que indique si está en condiciones o no de afrontar el juicio. En tanto, el excabo Rodríguez permaneció prófugo 20 años y luego de ser detenido en 2014 en la provincia de Córdoba, tras una investigación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), estuvo bajo arresto domiciliario y fue excarcelado en marzo pasado.
En el debate, que fue pospuesto por la pandemia del coronavirus, los acusados deberán responder por los delitos de cuádruple homicidio simple y un homicidio simple en grado de tentativa, ya que una de las víctimas (Díaz) sobrevivió. Fuentes judiciales informaron que el TOC 3 fijó dos semanas de audiencias, a realizarse de lunes a viernes, en un debate en el cual se prevé que declaren alrededor de 200 testigos.
Raquel Gazzanego, viuda del vendedor de libros Cicutín, señaló que tiene expectativas de que «sea un juicio justo, como primera medida», y que su «deseo es que a todos les den cadena perpetua».
El hecho y la reapertura del expediente
La Masacre ocurrió el 10 de enero de 1994 y tuvo como víctimas al remisero Corbo, víctima inocente, y a sus pasajeros, Claudio Mendoza y Enrique Bielsa, quienes viajaban a bordo de un Peugeot 505, y según se investigó, estos últimos tenían algún negocio con efectivos de la Brigada y querían » cortarse solos» y al vendedor de libros Edgardo Cicutín, que se trasladaba en un Dodge 1500, conducido por Claudio Díaz, el único que sobrevivió al ataque. Las cinco víctimas fueron atacadas a tiros, más de 200, por efectivos de la Brigada de Investigaciones de Lanús, en un operativo en que utilizaron cinco autos, y ropa de civil.

Todos los ex efectivos afrontan cargos por los delitos de «cuádruple homicidio simple y un homicidio simple en grado de tentativa», por la única víctima del ataque que sobrevivió.
Los imputados se escudaron en que perseguían a supuestos delincuentes que iban en dos autos, huyendo de un presunto robo a una sucursal del Banco Galicia. Luego dijeron que los sospechosos transportaban cinco kilos de cocaína, pero en realidad estaban emboscando a un grupo de personas con los que estaban ligados en negocios y tenían orden de «limpiarlos». Reconocieron años después que habían caído en un error.
De acuerdo a los peritajes, los vehículos involucrados y las víctimas recibieron impactos de bala calibre 9 milímetros, disparados con pistolas y al menos un subfusil Uzi.

En principio, los policías que intervinieron en el hecho fueron detenidos, aunque la Cámara de Apelaciones y Garantías los sobreseyó y liberó.
Además de quienes ahora fueron a juicio, estaban imputados el comisario César Córdoba, Carlos Saladino y Hugo Reyes, (ya fallecidos), todos integrantes de la brigada cuyo subjefe era el entonces comisario y actual abogado Juan José Ribelli, procesado y luego absuelto por el atentado a la AMIA, que no estaba en el país cuando ocurrió el hecho.
Testimonios
Claudio Díaz, el único sobreviviente, fue el primero en declarar, expresó que nunca va a olvidar la frase «¡me queman!» que le oyó decir al asesinado Edgardo Cicutín, quien iba con él en su auto cuando fueron atacados a balazos por los policías que los confundieron con delincuentes.
«El tránsito estaba parado, veo que en la esquina nos hacen señas como que había habido un robo o algo por el estilo y en ese momento empezamos a sentir muchísimos tiros, no eran dos, tres, cuatro ni cinco; eran muchos más», recordó Díaz sobre el momento del hecho, cuando conducía su Dogde 1500 en compañía de Cicutín, con quien trabajaba en la venta de libros.
Al declarar como testigo ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de Lomas de Zamora, el sobreviviente señaló: «miro para ese lado y le digo a Edgardo ‘gordo nos están tirando a nosotros‘».
Tras esos primeros disparos, el Dodge se detuvo y Díaz descendió del mismo, momento en el que vio un «abanico de gente con armas» y le decían que se tirara al piso.
Según el sobreviviente, los policías preguntaron si tenían «fierros» y que él le respondió con ironía: «el único fierro que llevo es una lapicera».
«Se escuchan unos gritos y en segundos se volvió a escuchar tiros, unos nueves disparos (…) Justo en ese momento también escucho a Edgardo que se quejaba y la frase que nunca voy a olvidar de él diciendo: ‘¡Me queman!’», detalló.
Y explicó que Cicutín siguió quejándose, al tiempo que uno de los policías le decía «calmate gordito que ya viene la ambulancia».
Luego, uno de los efectivos le dijo a otro «pará, pará, que ya está dominado», en tanto cuando él se levantó lo vio a su compañero de espalda, tras lo cual lo subieron a un auto particular sin decirle lo que había pasado.
«Me llevaron a una comisaría donde me dijeron que había habido un error, después me dejaron en libertad y ahí vi mi vehículo todo agujereado».
De acuerdo al sobreviviente, los que los interceptaron «no eran coches de policía, ni tenían sirenas, los efectivos no dieron voz de alto ni venían uniformados y eran seis o siete personas armadas; y no nos resistimos«.
Por último, Díaz expresó que referirse a lo sucedido es «abrir una caja que se abre de vez en cuando y que es un recuerdo muy feo».
En la audiencia también declararon las viudas de Cicutín y del remisero muerto también a tiros, una de las cuales dijo que un efectivo le reconoció que se había tratado de un «lamentable error».
«El auto de mi marido estaba todo agujereado, y lleno de balas. Lamentable error, esa fue la frase que el comisario que trasladaba a los detenidos para la reconstrucción del hecho me dijo», recordó Raquel Gazzanego, viuda Cicutín al comienzo de la audiencia del debate que tiene a siete ex efectivos sentados en el banquillo de los acusados. Y recordó que el mismo jefe policial le dijo: «su esposo estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada».

Esta segunda audiencia de debate rechazó los planteos de nulidad, de inconstitucionalidad y de prescripción de la causa realizados, tras más de 28 años de la masacre.
Luego declaró Patricia de Ángeles, viuda del Roberto Corbo, quien recordó que se enteró de lo ocurrido con su marido por la tapa de un matutino en la que reconoció «la patente del auto» con el que él trabajaba como remisero.
La mujer explicó que un vecino la llevó hasta la comisaría en la que encontró el auto de su marido.

Fuente Agencia Telam
Solo un comentario corto y y directo estaría genial q resuelvan de una vez por todas este y pongan manos firmes en el caso
Así es Gabriel, después de treinta años, parece increíble que se logre justicia!