El 16 de enero se cumplió un año de la partida física del quilmeño que «se llevó el sable de San Martín» (decir ‘robó’ sería presuponer que tenía dueño). Aunque pronto, sus compañeros debieron devolverlo, aquella acción revolucionaria lo catapultó a la historia de la Resistencia. Para recordarlo, este CIQ rescata una de las últimas entrevistas.
Hoy, 7 de febrero, hace seis años que publicamos esta entrevista que le hice al compañero Manuel Gallardo, quien nos dejó hace poco tiempo. Se trata de una vida militante y peronista ejemplar, a la que muy pronto le vamos a hacer un necesario homenaje, como pensamos que le hubiera gustado: continuando por la senda. Un gran abrazo a Manuel y ¡Viva Perón!
«SOY PERONISTA, LEVANTO A PERÓN Y A EVA; A NÉSTOR Y A CRISTINA»
Manuel Gallardo comenzó su militancia en la Resistencia. En 1963, junto a otros tres miembros de la Juventud Peronista fue protagonista de un hecho político, de una acción que quedaría en la historia del movimiento popular en nuestro país: el robo del sable corvo del general San Martín en plena proscripción, para reclamar el regreso de Perón, el retorno del cadáver de Eva y el fin de los acuerdos con el FMI, entre otras cosas.
A los 80 años Gallardo, vecino de Quilmes, acaba de reafiliarse al PJ a través del Grupo Walsh. Aprovechamos la ocasión para repasar su historia militante, la lucha política a fondo y la persecución y la cárcel como respuesta; su visión actual del peronismo, del kirchnerismo y el movimiento justicialista.
-¿Qué fue la resistencia peronista? ¿Qué hacían? ¿Qué recuerdos tenés de eso?
-Había mucha persecución, despidos masivos sin ningún tipo de justificativo. Recuerdo por ejemplo que había colegios primarios que todo el plantel quedó cesante y cerraron la escuela. La resistencia comenzó cuando de la conducción del peronismo no quedó nada. La gran mayoría fue en cana; otros dirigentes se exiliaron; la gente quedó abandonada. Ahí se empieza a fomentar la resistencia, sin organización, de forma muy precaría. Yo tengo guardado toda la prensa, volantes chicos en hojitas de cuaderno, siempre apuntando a la necesidad de la organización. Después, más adelante, aparecieron comandos en los países limítrofes, desde donde venía alguna línea de qué hacer. También se empezó a poner clorato de potasio en las vías del ferrocarril, para que estalle y alterare un poco el orden. Era muy sencillo, lo hacían los pibes. Más tarde se avanzó en asaltar canteras, traer material explosivo de Bolivia, algún asalto a un cuartel.
-¿Y cuál era el objetivo de esas acciones?
-En general el retorno de Perón. Había una gran división. Había lo que llamo el peronismo sentimental, cuarentoso, que iba a misa el 26 de junio y le daba mucha importancia a la organización del partido. Y empieza a aparecer otra ala del partido: Jorge Di Pasquale, Sebastián Borro, Julio Troxler, aparece el peronismo revolucionario. Yo por características personales me incliné por esta última línea y fuimos nucleando grupos acá en Quilmes, en Berazategui. Yo creo que esa necesidad de profundizar la cosa es lo que después desemboca en las organizaciones armadas de los ’70. Hubo un grupo en Capital ya en el ’60 Jorge Rulli, Héctor Spina, Cacho Envar El Kadri, que realiza un asalto a un cuartel. Recuperaron un par de ametralladoras. Ellos caen cuando (Arturo) Frondizi pone (el plan de Conmoción Interna del Estado) CONINTES, por aprietes de los milicos que viven haciendo quilombo y destrozando el país. En un día, detuvieron 12 mil personas. Preparaban a las fuerzas armadas y las policías provinciales para lo que iba a venir después, instalaban la aparición del enemigo interno. CONINTES fue una práctica en menor intensidad de la represión a partir del golpe del ’76. Entre la lista de los desaparecidos, hay muchos compañeros que habían participado de la Resistencia y estaban en CONINTES.
-Tu historia quedó relacionada con el sable corvo de (José de) San Martín ¿Cómo fueron esos hechos?
-Yo salgo de la cárcel en abril del ´63 y me vinculo con un grupo que respondía al triunvirato designado por Perón, los mencionados Rulli, el Kadri y Spina. El objetivo era mostrar que el peronismo seguía activo pese a todo. Las consignas eran el retorno de Perón; la devolución del cadáver de Evita, juicio y castigo a los fusiladores de León Suarez, desvinculación del FMI, anulación de los contratos petroleros y con los trust eléctricos. El sable estaba en el Museo Histórico Nacional. Nos juntamos en Constitución fuimos en un auto, estaba cerrado. Le dijimos al que cuidaba el lugar que éramos estudiantes tucumanos y no nos queríamos volver sin ver el sable y el museo. Entramos, retuvimos al guardia. Yo y otro compañero hoy desaparecido al que le decían el francés nos hacemos cargo de sacar el sable y llevárnoslo. Fue muy sencillo. Duró, como muchos, tres minutos; pero hay algunos de los que participaron que vivieron toda la vida de eso. Después nos fuimos a ATE donde militaba en esa época.
-¿Qué reacciones provocaron?
-Salieron todos los gorilas a decirnos ‘degenerados que atentaron contra el sable, contra la memoria del gran capitán de los andes’. Más tarde cuando íbamos a tomar una radio para interferirla y dar nuestra versión, nos detuvo la Policía. El Ejército tiene una especie de obsesión por el sable. Le liberaron las manos a la policía. Nos picanearon y nos dieron máquina con todo. Después de unos días me hice cargo y di nombres falsos. A los días una comisión de interbloque de diputados nos encontró ahí, hechos mierda. Se ensañaron. Después nos mandaron a la (Unidad) Nueve de La Plata.
-¿Qué es para vos el peronismo?
-Es el pueblo. El peronismo encarnó en el pueblo. De Urquiza para acá el país quedo en manos de los liberales el pueblo sufrió horrores. Hubo un intento frustrado con Yrigoyen pero fue Perón el que le devolvió trabajo, condiciones sociales, libertad y dignidad al pueblo. Yo al pueblo le digo el heredero. Siempre aparece. Cuando la cosa se pone critica, aparece el heredero. Un compañero me decía: ´vos hablas de un entelequia´ y yo le respondo ´ese es el problema, los obreros no saben que quiere decir entelequia´. El peronismo es simple y no es ninguna cosa extraordinaria. Estoy convencido de que las crisis políticas paren a sus propios dirigentes y ahora va a pasar lo mismo.
-¿Qué opinas de la polémica que a veces se dá entre el peronismo y el kirchnerismo?
-Para mí el kirchnerismo es el proyecto que presenta Néstor (Kirchner) en una convocatoria en Calafate en septiembre de 2001, vale la pena leerlo. Cuando ven que se cae todo, convocan a la generación diezmada y tratando de dejar un poco afuera al peronismo cuarentoso, hace una reactualización. Eso es correcto. Ahí se plantea incluso una reforma constitucional donde se les da una entidad similar a las organizaciones sociales y a los partidos políticos, habla del desarrollo tecnológico como desafío, de la necesidad de salir al pacífico y de la relación con China. Hubo muchas cosas que se hicieron y otras que no se pudieron hacer. Cristina fue la única que entendió y retomó algo que Perón advierte en el año ’50. Saliendo del feudalismo del medioevo, se pasa a un continentalismo rápido y enseguida se agota y entramos a un universalismo. Creo que el Papa también está viendo lo mismo. El peligro es que estos que ganaron ahora están dispuestos a todo.
-Te estás reafiliando al PJ en estos días de campaña nacional. ¿Cómo ves el futuro?
-Yo vi lo que fue Perón, lo que fue Evita. Sufrí las tiranías más horrendas que sufrió la patria y ví el renacer con Néstor y Cristina. Levanto a Perón, a Eva; también a Néstor y a Cristina. Creo que vamos a volver. Hay que mantener el peronismo, al PJ y a las militancias afines. El kirchnerismo supo acercar al peronismo a mucha militancia, a tipos y jóvenes con materia gris, y eso es importante. No hay que perderlo. Con el justicialismo solo no alcanza. Es importante también volver a entablar una relación directa con la gente del pueblo y con los jóvenes que se sumaron a la política en estos años. Hay que ayudar a la gente para que se organice. El pueblo cuando se organiza deja de ser masa, como decía Perón y ahí está su potencia.
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