Por Orlando Agüero *
Al compás de la represión a jubilados, a una niña de diez años, al veto a la ley de movilidad jubilatoria y a las vacías palabras de Javier Milei en el Congreso, se da una situación muy particular en el escenario nacional. Algunos movimientos en el seno de las decisiones del Poder Ejecutivo otorgan señales de que algo estaría cambiando dentro de la matriz de conducción del actual gobierno. Veamos cuáles serían esas variables.
El acuerdo en la Cámara de Diputados para votar a favor de la ley de movilidad jubilatoria encendió una alarma en lo más alto del gobierno. Una alerta que se volvió a activar cuando el Senado aprobó la ley de financiamiento universitario. Estos sucesos prefiguraron momentos de temblores políticos dentro del gobierno, que se suman a los ya existentes. La declaración de guerra interna protagonizada por el macrismo sacudió el núcleo del gobierno. Sin dudarlo, Milei debió salir a desarmar la operación de Mauricio Macri y avanzar sobre sectores del radicalismo para encontrar nuevos amigos, sobre todo en el Congreso. De hecho, la noche de las milanesas en Olivos, suscribieron un acuerdo para solucionar la decisión de los y las diputadas de supuesto oficialistmo que votaron a favor del aumento de los haberes jubilatorios. Sin embargo, esas milanesas parece que no alcanzaron. Tuvieron que citar a cinco diputados radicales, elegidos de modo quirúrgico, para llevar adelante la baja maniobra de no darle un mínimo aumento al alicaído salario de los jubilados y las jubiladas.

Esta operación, así como la decisión de reprimir con salvajismo, muestra a un gobierno capaz de hacer cualquier bajeza con tal de que no se les caiga la estantería. Una paradoja de gobernanza que se debilita día a día. Es por eso que no importan, para el gobierno nacional, los extremos etarios como, por ejemplo, jubilados y niñas, para ser víctimas de los gases, balas de goma y palazos. Sí están interesados en monitorear un posible crecimiento de la conflictividad social de cara a fin de año y los movimientos al interior del núcleo gobernante ante las próximas elecciones de medio tiempo. De todos modos, viendo la forma en que se desarrolla la realidad, hoy podemos observar que algunas cosas fueron cambiando, muy a pesar de la represión y las decisiones que más arriba venimos señalando.
En primer lugar, podemos decir que la inflación no evoluciona como el gobierno desea. Es decir, que el 4,2 % de agosto dejó a la cúpula económica del Ejecutivo en un debe que hoy por hoy no saben cómo explicar con coherencia. Al tema inflacionario no han podido revertirlo desde que son gobierno, dado que el índice interanual a junio de este año asciende a 271 %. Son estos números los que no dejan de hacerles ruido a las fuerzas del cielo.
Además de esta situación, está incrustado en el corazón del gobierno el temor a un estallido social. Pretenden dar batalla a esa posibilidad, echando culpas a las víctimas del ajuste. Intentan crear responsables sobre una posible operación cuasigolpista que tiene como objeto destituirlos. Sin dudas, padecen el síndrome De la Rúa. El temor a que el pueblo enardecido los empuje a subirse a un helicóptero crece todos los días.
Lo cierto es que la semana pasada, en Santa Fe, el Parlamento aprobó el aumento de la edad jubilatoria. El pueblo, movilizado y enfurecido con los legisladores y legisladoras por no ser fieles al mandato por el que fueron elegidos, entró y, tomando la realidad en sus manos, aleccionó a quienes ya casi no son representativos de los intereses populares. Un estallido popular en una provincia grande, que empuja desde la periferia nacional a la centralidad urbana de Buenos Aires y que el gobierno quiere evitar a toda costa.

Si pensamos en cuáles fueron los supuestos “consensos sociales” sobre a qué sujetos se debía atacar desde el gobierno, sin dudas eran los piqueteros. Parecía que la sociedad estaba harta de ser espectadora de cortes de calles, rutas y movilizaciones para favorecer a los más pobres. Sin embargo, y muy a pesar de ese supuesto consenso, el gobierno en los últimos días marcó un paso que no había dado en los nueve meses de gestión: comenzó a reunirse con las organizaciones sociales. Esto es una verdadera noticia, solo que se oculta porque no paga en las grandes ligas, es decir, que afectaría a ese supuesto “consenso social”. Sin embargo, es una realidad que se comenzó a despuntar la semana pasada. Esta situación configura un cambio en la matriz del gobierno. Hasta ahora no se otorgaba ninguna reunión a las organizaciones populares; la única respuesta para ellas era represión, estigmatización, allanamientos a sus comedores y casas de referentes, judicialización de sus tareas, restricción de alimentos a los comedores, anulación de recursos de distintos tipos y bajas generales a los planes sociales.
Parece que nadie mira que el límite de la pobreza se encuentra casi en un millón de pesos, mientras un plan social es de setenta y ocho mil.
Otro de los puntos que nos debería llamar la atención es lo sucedido en la provincia de Santiago del Estero. El papá de Milei tuvo que otorgar una cesión de 3000 hectáreas al MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero). Esto fue luego de un litigio que se originó en 1995, pero que, después de años de dormir en los cajones del Poder Judicial santiagueño, tomaron la decisión de otorgar la posesión al MOCASE, que tiene familias viviendo en esas tierras en forma ancestral.
Tal vez esto no mueva el amperímetro del ajuste y la represión necesaria para este objetivo, pero, sin dudas, son concesiones que hacen pensar que es posible hacer cosas para cambiar el sentido de esta realidad.
Este no es un gobierno fuerte. Muy por el contrario, es un gobierno débil, que se resiente d modo permanente con sus internas. El problema es que las fuerzas del pueblo y de la clase trabajadora aún no han alcanzado el estadio necesario para doblegar el brazo ajustador del gobierno mal llamado libertario.
Es así que podemos ver estas cosas como elementos, microscópicos aún, que cambian la perspectiva popular. El asedio permanente de las políticas que transfieren recursos vitales de las mayorías del pueblo a las cuentas en el exterior de una minoría capitalista, se debe terminar. Para eso, es necesario estudiar con más precisión los pasos del capital concentrado si pretendemos resolver qué tareas son las adecuadas, cuáles son los momentos en los cuales actuar y en qué lugares desarrollar las acciones que hoy el pueblo todo precisa. Lo que es evidente es que algo empezó a cambiar.
- Referente del Frente Darío Santillan y la Mesa Popular Quilmes.
