TAN TRANQUILO COMO ESQUIVO

CARLOS CASARES (enviado especial)

El sol brilla en el cielo límpido de la pampa gringa. Dos bicicletas pasan y se escucha hasta el pedalear de las nenas que, sin importar que sean las únicas que andan por la calle, esperan el semáforo. Esta ciudad recibió a un Quilmes que siempre se sintió incómodo en la cancha pero que tampoco vibra al ritmo de Agropecuario Argentino.

«¿De dónde son?», dice una señora de unos 50 años que vende dulces y salsas artesanales en una feria de cuatro puestos en la plaza España. Al escuchar que «somos de Quilmes», de inmediato se le ilumina la cara: «Ay, pero yo soy de Bernal. Me mudé cuando mi yerno vino a jugar a Agro. Y me quedé encantada por la tranquilidad de Casares». Las amigas asienten.

En la plaza, trece chicos juegan mientras la siesta, casi obligada, invade el pueblo. La calle Arroyo, que conduce hacia el estadio, está casi vacía. Solo un patrullero, calmo y sereno, espera en la intersección con San Luis. En las últimas cuadras, de tierra, el auto rebota como cuando la arena hace montículos pequeños en el partido de La Costa.

En eso, suena el teléfono de este periodista. «Hola, somos hinchas de Pehuajó, ¿Se podrá entrar?». Quién lo sabe. Estos cerveceros no saben si hacer los 50 kilómetros que separan a la Capital Nacional del Girasol del pueblo que inmortalizó María Elena Walsh con Manuelita. Quizá se arriesguen y reboten en la puerta. Técnicamente, no puede entrar.

«A ver, acá está tu apellido, pasá», dice el empleado de Utedyc casarense. Un policía revisa las mochilas con las mismas ganas que tiene Mauricio Macri de madrugar. En el estadio, dos parlantes inundan el silencio rural con música de todo tipo: techno, Fito Páez, Los Redondos y el hit Astronomía, que en 2020 hizo bailar a los morochos del ataud. En eso, Juapi Vecchi y Dianela Da Alesandro logran acomodarse en una cabina después de dar mil vueltas.

Antes de empezar el partido, la directiva local, encabezada por el presidente Bernardo Grobocopatel, entrega al fundador del club Agropecuario, Bernardo Grobocopatel, una plaqueta en conmemoración a los diez años de la institución, ocurrida el 23 de agosto pasado. Todo en el estadio que lleva el nombre de la abuela de Bernardo Grobocopatel, ubicado a seis cuadras de la empresa «Grobocopatel Hermanos», propiedad de Bernardo Grobocopatel.

De entrada, puteadas con el gol del Pitu González. Quilmes es un corso a contramano y no da pie con bola. A los 17 minutos, el 0-2 motiva la mueca de varios que se preguntan cómo los jugadores hoy entraron tan quietos. «¡Penal!», piden todos cuando caen Barbieri y Bonetto en el área. «Nada», dice Ramiro López. Cuando el cuarto árbitro, Luis Martínez, indica que se adicionan minutos, un allegado cervecero se anima a decir: «El partido está tan liquidado que el Pitu González ya habrá pedido permiso para ir a jugar un campeonato por guita en algún barrio de por acá».

En el entretiempo, aparecen los de Pehuajó por la tribuna. «¿Cómo entraron?», le pregunta quien firma.

«Mirá, llegamos con el partido empezado. Nos mandamos por la puerta de allá, la primera, y entramos al vestuario local. No había nadie. Un empleado del club nos dijo que fuéramos por la otra puerta, la que dice ‘entrada visitante’. Llegamos, golpeamos el portón y nadie abrió. Corrimos la puerta un poquito y vimos que no había nadie controlando y nos mandamos. La cagada es que justo entramos para el segundo gol de ellos. No puede ser que juguemos tan horrible»

Uno ataviado con boina

En el complemento, ni el gol de Ortega maquilla el rendimiento cervecero. Hay algunos cruces verbales con los locales. Desde la platea se escucha: «Te llevás tres bien adentro, cervecero». En la voz del estadio, cada gol es anunciado, lo mismo que cada cambio en donde se menciona a «Quilme».

La esperanza decae como el sol detrás de los eucaliptos que adornan el horizonte pampeano. El 1-3 es realidad en el este pueblo del centrooeste bonaerense. Uno de los hinchas de Pehuajó, reflexiona:

«La verdad, bastante mal jugamos. Por lo menos hoy vi a Quilmes después de cuatro años, algo es algo. Lo que extraño todo esto, pero por lo menos tengo laburo acá».

Alejandro

La revista de Despos

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4 Respuestas a “TAN TRANQUILO COMO ESQUIVO”

  1. Lo único bueno fue la historia, en el juego un Quilmes que no es que jugó mal, podés tener partidos dónde no te sale ninguna, pero acá directamente no jugaron, quedaron a mitad de camino en la mayoría de las jugadas un planteo que no entendías si fueron a defenderse o atacar cosa que no hicieron ninguna de las dos y con muy poco pero efectivo y buen juego nos pasearon de lo lindo. A pesar de eso linda tarde en Carlos Casares todo muy tranquilo! Gracias Pablo

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