CFK, ANTIDOTO DE MILEI

En esta época, los líderes políticos se construyen como figuras casi mitológicas, envueltas en discursos y apariencias que buscan hacer olvidar su humanidad. En esta construcción, como sucede con Javier Milei, la gente proyecta sus frustraciones y deseos de un salvador frente a la incertidumbre. Es la búsqueda de un «mesías» que tranquilice nuestros miedos, aunque sea desde la ilusión.

Pero, ¿qué ocurre cuando alguien se atreve a desarmar esa imagen, a ridiculizarla y traerla de vuelta al plano terrenal? Cristina, al desafiar esa figura, recuerda que el poder y sus pretensiones son, al final, una representación, no una verdad absoluta. Ridiculizar lo que se presenta como invencible es un acto de resistencia: niega la posibilidad de que el poder se convierta en un dogma.

Es incómodo humanizar a quienes prefieren erigirse como invulnerables, porque obliga a cuestionar la tendencia a idolatrar. Invita a pensar: ¿por qué necesitamos creer en seres «mágicos» que nos guíen, cuando la verdadera transformación está en la capacidad de actuar unidos, con alegría y conciencia? Quizás, al final, la respuesta no sea encontrar líderes indestructibles, sino reencontrarse como comunidad y aprender a desconfiar de aquellos que prometen ser más que humanos.

Esto es lo que hace Cristina Fernández cada vez que habla de Milei.


Una respuesta a “CFK, ANTIDOTO DE MILEI”

  1. «Cristina, al desafiar esa figura, recuerda que el poder y sus pretensiones son, al final, una representación, no una verdad absoluta. Ridiculizar lo que se presenta como invencible es un acto de resistencia: niega la posibilidad de que el poder se convierta en un dogma.»
    La ex presidente condenada por ladrona, dijo hace algunos años: «Hay que tenerle miedo a Dios y un poquito a mi».
    A confesión de parte, relevo de pruebas.

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