
Es un paisaje que se repite cada verano: Los grupos electrógenos en comercios, oficinas y zonas de pago, que apestan de olor a combustible y aceite. Lo que faltaba para la contaminación ambiental y sonora. ¿Pero qué remedio queda para quien debe trabajar?

Un cóctel poco digerible: muchos equipos de aire encendidos para soportar el calor, poca solidaridad en el consumo, una empresa que no cumple las inversiones porque el servicio eléctrico es su negocio, monopolio muchas veces no advertido… ¿o no somos rehenes de la concesión? El Estado no nos cuida, no controla, no sanciona.

No se sabe cuándo, ni cuánto ni por qué la van a cortar, lo concreto es que de pronto, y con ola de calor, nos quedamos sin ella. Ya ni nos acordamos que es cara e ineficiente, que la baja tensión nos arruinó la heladera el año pasado, y el módem… sólo queremos tener electricidad!
No suelo hablar en primera persona en mis notas, no corresponde habiendo tanto más importante, pero esto nos está ocurriendo a todos.
Estoy en un bar, para cargar batería y usar el wifi. En un rato vuelvo a casa, y comparto esta nota que subí aquí mismo. Si no me roban el celu por la calle.



Excelente nota Ana !
Es tal cual lo sufrimos todos los usuarioa!
Gracias Haydee. ¿Hasta cuando, no ?