CRISTINA 2025

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Ante el ajuste más grande de la historia, millones de argentinos ven a Cristina con esperanza

Argentina atraviesa uno de los ajustes económicos más severos de su historia reciente, con más de 5,3 millones de argentinos cayendo en la pobreza y más de tres millones en la indigencia en tan solo seis meses. Esta realidad, derivada de políticas neoliberales que priorizan el ajuste fiscal y la desregulación, ha profundizado las desigualdades sociales y golpeado especialmente a los sectores más vulnerables del país. El contraste con la «Década Ganada», los años de gestión de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), es inevitable, al evidenciar dos modelos económicos muy opuestos.

Durante la gestión de Néstor y Cristina Kirchner, Argentina emergió de la crisis del 2001-2002 a una etapa de crecimiento económico acelerado, con tasas que superaron el 9% anual, reducción significativa de la pobreza e indigencia, y una política de desendeudamiento externo. Las políticas expansivas de gasto público, subsidios a servicios esenciales, inversión en infraestructura y programas sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH), fueron claves para la reconstrucción del tejido social y económico. Bajo el modelo kirchnerista, se buscó proteger la industria nacional, fomentar el pleno empleo y garantizar inclusión social.

En cambio, las políticas económicas actuales, impulsadas por el gobierno de Javier Milei, y antes aplicadas por Mauricio Macri, siguen una línea neoliberal que ha vuelto a poner en primer lugar el ajuste y la reducción del déficit fiscal, a costa del bienestar de la población. Los resultados son claros: un aumento alarmante en la pobreza, desindustrialización, pérdida de empleo formal, caída del poder adquisitivo y precarización laboral.

A nivel internacional, la diferencia es también evidente. Durante los gobiernos de Néstor y Cristina, la Argentina mantuvo una posición más soberana, renegociando la deuda externa y limitando la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI). En contraste, las políticas actuales han acrecentado la dependencia del país hacia los mercados financieros internacionales y los fondos especulativos, con una mayor sujeción a las exigencias del FMI.

En medio de esta compleja realidad, la figura de Cristina Kirchner resurge con fuerza. Su reciente visita al barrio de La Matanza, junto al Padre Tano Angelotti, ha generado una ola de expectativas. No fue una aparición cualquiera: fue un encuentro en el corazón del territorio, con las personas que representan el motor de sus políticas de inclusión social. Este gesto, que sorprendió por no haber sido anunciado públicamente, va más allá de lo simbólico y se interpreta como una señal política clara.

Cristina Kirchner, quien no informó en sus redes sobre la actividad, estuvo junto al Padre Tano, un sacerdote conocido por su compromiso con los más humildes. Esta visita a la parroquia San José en La Matanza ha sido vista por muchos como un guiño hacia el futuro, abriendo el escenario de especulaciones sobre una posible candidatura en las próximas elecciones. Su presencia en los barrios, tras varios años en los que su actividad pública estuvo más centrada en conferencias y actos institucionales, marca un retorno a las raíces del peronismo y a la conexión directa con el pueblo.

Mientras algunos sectores intentan reducir su figura a los conflictos judiciales o a su pasado presidencial, Cristina vuelve a mostrarse en el territorio, escuchando de primera mano las necesidades y demandas de quienes más han sufrido las consecuencias de las políticas de ajuste. Su aparición en La Matanza refuerza su rol como un faro de esperanza para millones de argentinos que ven en ella la posibilidad de un cambio de rumbo, similar al que representó su gestión en la «Década Ganada».

La comparación entre ambos períodos deja en evidencia las diferencias de enfoque económico: mientras que durante los gobiernos de Néstor y Cristina se logró una expansión del empleo y la inclusión social, las políticas neoliberales actuales han llevado al aumento de la pobreza, la precarización laboral y el deterioro del acceso a bienes básicos. La desindustrialización y la contracción del empleo formal son síntomas de un modelo que prioriza el ajuste fiscal por encima del bienestar social.

El retorno de Cristina a los barrios, en un contexto de ajuste económico y social, ofrece un contraste marcado con la política actual y revive la memoria de un período en el que Argentina logró superar una crisis histórica mediante políticas que priorizaban el crecimiento con inclusión. La historia reciente muestra que existen alternativas al ajuste neoliberal, alternativas que ya demostraron ser exitosas en el pasado.

Para muchos, Cristina Kirchner sigue siendo la esperanza de un país más justo e inclusivo. Su aparición en La Matanza no es sólo un gesto simbólico: es la promesa de un futuro mejor, en el que el Estado vuelva a estar presente, protegiendo a los más vulnerables y trabajando para reconstruir un tejido social que hoy se encuentra muy deteriorado. Aunque aún es temprano para afirmar una candidatura, la presencia de Cristina en los barrios no pasa desapercibida, y para muchos es un indicio de que el liderazgo que representa está más vivo que nunca.

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