EL FUTBOL Y LA REPRESENTACION

Por Agustín Ormazábal

Lo sabemos, lo tenemos más que claro. Nos subestiman si asumen que no sabemos que son once simples tipos que corren atrás de una pelota enfrentando a otros once que hacen lo mismo. Nos subestiman a quienes nos gusta el fútbol y subestiman también a quienes el fútbol no les significa nada, pero que hace un mes se dejan conducir por el sentir popular y el (no tan) simple deseo de que esté feliz quien está al lado. El propio y el ajeno. Nos subestiman si asumen que no sabemos que es un juego, que es fútbol. Lo sabemos, lo tenemos más que claro. ¿Y?

Como si pudiera uno elegir en qué depositar la fantasía, la emoción, la bronca. A veces, pareciera que quienes nos subestiman pueden elegirlo, o hacen de cuenta que pueden. Se convencen, te lo discuten, como si tuvieran la certeza absoluta y la autoridad indiscutible como para definir cuáles son esos asuntos más importantes de los que deberíamos estar ocupándonos. Lo dicen como si no importara el goce, ni la representación.

La representación es cierta cuando no es uno quien se la adjudica. Por eso no son quienes refutan el goce colectivo y nos señalan las causas impostergables quienes nos representan, y por el contrario nos representan mejor once tipos atrás de una pelota. Porque a esos once tipos jamás se les ocurrió levantar una bandera que nadie les dio primero. Te diría que esa representación la construyeron a fuerza de resultados para poder asignarle una variable cuantificable, finita, en un intento absurdo por cientifizar algo inexplicable. Pero sería mentira. ¿Por qué a ellos? Imposible saberlo. Te diría que tiene que ver con manifestar en el estilo de juego y en la dinámica interna del grupo esa praxis tan argentina de resiliencia y fortalecimiento frente a la adversidad. Pero hay algo más, que no sé qué es, y es lo fundamental en verdad de esta selección. Algo hermoso, y que sobrevivirá a cualquiera capricho de esos a los que el fútbol supo acostumbrarnos.

La representación no se la adjudicaron ellos, se la dio la gente.

Nadie vino a decir que hace lo que hace para darle una alegría al pueblo en un momento difícil, o a sintetizar una idiosincrasia nacional en 90 minutos. La gente le asignó ese rol y, por eso, el rol vale. Porque la gente no le asigna la representación a cualquiera.

Por eso, un párrafo aparte para el mejor de todos. Ese sí que nunca levantó una bandera autoasignada. Al contrario, le fue negada de manera injusta durante demasiado tiempo. Ahora, vas por la calle y ves a los chiquitos y las chiquitas con su nombre en la espalda, atrás de su paso, como si fuera el lugar del cual venimos. Ya ganamos desde el momento en que todo lo bueno que Leo sintetiza sea motivo de inspiración para los pibitos. Nos hace muy bien ese tipo.

Ni Leo ni estos pibes vinieron a solucionar los problemas. Nunca se propusieron eso, sería imposible. Eso no quiere decir que lo que nos han dejado no incida de manera directa en nuestra realidad, y sienta mejores condiciones para el futuro de este país que, sin miedo a ser objetivo, puedo decir que es el más lindo del mundo.

No nos subestimen. Lo sabemos, lo tenemos más que claro. Sí, son once tipos atrás de una pelota. Pero son estos once tipos atrás de una pelota. Los once tipos a los que la gente les asignó un lugar de representación. Y eso es algo que nunca van a entender quienes subestiman el sentir popular.

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