ESE “BONDI” LLAMADO PERONISMO

Por Martín Gerardo Bermúdez

Si tuviese que hacer una analogía acerca de la mayor fuerza política de la historia argentina, y a su vez la más controvertida, pensaría al peronismo como un colectivo de línea, ni más, ni menos.

De eso se ha tratado en todo su agitado devenir, lleno de contradicciones, no siempre con los mejores compañeros en el pasaje, pero al menos con una ligera y deseable certeza del destino esperado.

Cuando cualquier persona toma un colectivo lo hace, en principio, porque le llevará al destino que pretende… o cerca.

Hay cierta previsibilidad que, no obstante, puede tener desviaciones, en algunos casos forzosas y en otros (demasiados podríamos decir) por impericia del chofer (el actual viene pegando cordonazos, frenando sobre la senda peatonal y pasándose de las paradas), cuando no porque sólo comenzó a conducir el vehículo por conveniencia y luego se desvió en forma deliberada; recordemos la frase atribuida al caudillo riojano de hirsutas patillas: “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”.

Como en todo “bondi”, las estadísticas demuestran que no estamos exentos de que haya desde punguistas (sí, ya sé, ya se le ocurrieron varios nombres) hasta tipos con mal aspecto o peor, mal olor o el que no tiene mejor idea que liberar sus flatulencias pensando que la masa apretujada lo dejará impune en su anonimato; más aún, no olvidemos que el colectivo llamado peronismo siempre va lleno…

Usemos como ejemplo el colectivo de la Línea 60 y su recorrido sempiterno: Constitución-Tigre Hotel. Si usted quiere hacer ese recorrido deberá elegir esa línea en forma inequívoca.

Claro que, primero, deberá haber llegado a Constitución de alguna manera y es muy posible que haya llegado a bordo de otro colectivo definitivo en nuestra historia que ha sido el Alfonsinismo; diría que el Alfonsinismo, sin dudas es la alegoría perfecta para esa estación.

Por supuesto, hay paradas intermedias, tanto de la mano derecha como de la izquierda.
Por eso es que cada tanto se acerca a uno u otro cordón y es muy difícil que transite por el medio de la calle.

Usted, también, puede haber ascendido al ómnibus en alguna parada intermedia, en el ramal kirchnerista, porque con más o menos discrepancias, el destino era el mismo.

Así, con baches y en un viaje que puede tornarse interminable, volvemos a treparnos a los escalones del único “bondi” que promete al menos apuntarle al destino deseado.

Claro que, habida cuenta de nuestras circunstancias, comprenderá usted que el destino “Tigre” deja también ciertas ominosas señales del posible futuro relacionado con un dirigente de esos pagos…

Mal podríamos pretender que un Uber con destino a Barrio Parque nos transporte a donde queremos.

Ahora le dejo leyendo en la parada e imaginando muchas cosas que le habrá disparado esta alegoría, surgida en una charla con amigos, que viajan en el mismo bondi, aunque ahora lancen anatemas contra el chofer.


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