FRENTE DE TODOS: SER O NO SER

Los inicios de un conflicto son difíciles de sondear pareciera, y en éste, colmado de intereses enfrentados, pareciera más arduo cuanto más sume a analistas políticos y de toda intención, en un frenesí patético porque no evidencian rastros que conformen un hilo conductor hacia la comprensión de los porqué y para qué del estallido en el campo de las acciones, ¿Llegará a comprender la ciudadanía el verdadero sentido de este conflicto?

Difícil… porque la artillería verbal es objeto de análisis dentro de las mismas batallas, y hechas por soldados de facciones dentro de un mismo ejército, sólo por limitarnos a una parte del gran enfrentamiento, escaramuzas internas que resultan en desmedro del bien común al que se debe la política social en tiempo de cólera emergente.

Veamos algunos indicios: «Yo quiero mucho a Cristina, pero la política no es un club de amigos», decía un funcionario y dirigente del movimiento social más beneficiado por el gobierno de Alberto: el Movimiento Evita, y se anticipaba con afirmaciones como ésta ante una periodista que le exponía la tristeza de un país con demasiados pobres e indigentes mal alimentados y con hambre: «En la Argentina se come», respondió mientras sorbía tranquilo un vaso de agua, semanas después, Pitu Salvatierra contaba en otro programa de TV, que en las villas y barrios pobres, los niños «Ya no podían acceder a un matecocido con pan siquiera», debido a los aumentos desmesurados de la canasta básica.

«Sabemos bien de nuestras limitaciones y errores, no quiero más asistencialismo», insistía Fernando Chino Navarro mientras aafimaba que en el Movimiento Evita tenían planes concretos para reconvertir planes sociales en trabajo genuino… confirmando de esa manera la contradicción permanente en que incurren los grandes beneficiarios de esos cupos hoy negados a los pequeños pero innumerables movimientos, asociaciones, e instituciones abocadas a llevar un plato de verdadero alimento a las mesas de sus hambrientos vecinos y familiares.

«Yo sé lo que piensa Alberto. Por eso lo apoyo», seguía Navarro, semanas después, las ya magras cajas y bolsas de alimentos dadas por desarrollo social se entregan raquíticas y ausentes en su interior de lo poco digno que le quedaba… A más hambre, menos alimentos para los desposeídos que, aturdidos, ya no saben qué hacer para sobrevivir.

«Los políticos somos responsables de tener que gobernar con parches como los planes sociales», era la insólita confesión del funcionario y dirigente, sin sospechar que poco después, por otras sumatorias, el conflicto interno del Frente de Todos estallaría visibilizándose sin ser comprendido, empujando a la gente mal alimentada a las calles e iniciando el tronar de advertencia mientras Alberto Fernández enfatizaría: «Respeto mucho a Cristina y Máximo, pero el presidente soy yo».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *