JUICIO A BRIGADAS: AUDIENCIA 65

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El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata -integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico– juzga a 17 represores, entre ellos a Miguel Etchecolatz y el ex médico policial Jorge Antonio Berges por las torturas, homicidios y ocultamiento de menores en perjuicio de casi 500 víctimas alojadas en tres centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar.

Se realizó este martes la audiencia 65 del Juicio Brigadas, la cuarta semipresencial, en el que son juzgados represores por delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención y exterminio conocidos como el Pozo de Banfield, el de Quilmes y El Infierno (Brigada de Investigaciones de Lanús) en Avellaneda. Mónica Streger, hermana de una víctima; José Eduardo Moreno, sobreviviente y familiar; Alejandra Castellini, hermana de una desaparecida, y Clara Petrako, quien busca a su hermana nacida en cautiverio y apropiada, prestaron hoy testimonio ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata.

Streger

La primera en declarar (de forma virtual) fue la hermana de Silvia Streger y cuñada de Rodolfo Torres, secuestrados el 5 de septiembre de 1977 en Turdera. Fueron vistos por última vez en la Brigada de Quilmes. Ella es la tercera de cuatro hermanos, dos de los cuales fueron desaparecidos durante los años de plomo: Silvia y Eduardo.

“Mi hermana Silvia tenía 24 años al momento de ser secuestrada, pertenecía a la familia que estaba ubicada en Banfield. Ella iba a a una escuela bilingüe de Temperley y luego fue a la escuela Antonio Mentruyt, de la cual debo decir que hay 30 desaparecidos, entre los que están mis dos hermanos. Egresó en 1970 y luego decidió estudiar Profesorado de Inglés en la Universidad Nacional de La Plata. Le faltaban pocas materias para terminar la carrera”.

Luego, la describió como persona.

“Era una mujer muy vital, alegre y de esas personas que fácilmente hacen amigos y amigas, muy social, y siempre tuvo interés por la realidad social y política, igual que todos en mi familia. En mi casa siempre se hablaba de todo, aunque no coincidíamos para nada. Era normal hacer grandes debates, estábamos acostumbrados a la confrontación.

“Nunca me enteré si tenía filiación política. Tenía inquietudes de su entorno, que la llevaban a participar en donde estuviera. Al mismo tiempo que estudiaba, comienza a trabajar en la parte administrativa de la fábrica Genalex de Llavallol, de insumos eléctricos. En el Pozo de Quilmes hubo más de una persona que pertenecía a esa empresa”, advirtió, luego de dar cuenta de su “sospecha” sobre los motivos de la desaparición. “Nunca tuvimos ninguna respuesta en relación al paradero de Silvia y Rodolfo. Tiempo después mis padres hicieron un hábeas corpus y después las diligencias en Interior”.

Hizo hincapié en el después de la desaparición y la preocupación de la familia:

“No saber si viven, si no viven, dónde están, con quién están. Cada día de nuestra vida era pensar en ellos. Cada vez que cambiaba el clima, si tienen frío o calor. Continuábamos con la vida, con ese calvario. Sin tener respuesta de qué pasó con ellos. Cuando se crea la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) presento la carpeta de mis hermanos, con fechas y fotos. Al poco tiempo recibí un llamado diciendo que testigos habían reconocido a Silvia y Rodolfo como detenidos clandestinos en el Pozo de Quilmes. Fue impactante saber esto”

“Han pasado 44 años, es mucho tiempo para realizar un juicio, tiempo en el cual los responsables de este genocidio han disfrutado estos años de su libertad o domiciliaria, guardando para sí el tema de la verdad, que todos los familiares y toda la sociedad argentina está buscando. Todo lo que se sabe fue por reconstrucción de los organismos de Derechos Humanos. Los genocidas están muy grandes y la justicia que llega tarde no es justicia. Pido mayor celeridad para llegar a una condena firme, que significa también cárcel común. Pido que todo el peso de la Justicia caiga sobre los imputados”.

Castellini

La tercera en declarar (de forma presencial) fue Alejandra Castellini, hermana de María Eloísa, desaparecida el 11 de noviembre de 1976, embarazada de entre tres y cuatro meses. Los testimonios indican que estuvo en Puente 12 y el Pozo de Banfield. “Mi hermana siempre se caracterizó por ser muy solidaria, desde muy pequeña, y compañera, tanto en la primaria, secundaria y luego en la universidad, con mucha sensibilidad social y por tener muchos amigos”

“Hemos y seguimos siendo víctimas del terrorismo de Estado porque mi hermana fue secuestra el 11 de noviembre de 1976 a la salida del jardín de infantes donde ejercía como profesora de música, al mediodía, por varias personas”, advirtió ante el Tribunal. “A las 19 llegó un grupo muy grande de civil, estaban muy armados y con ella. Entraron al departamento y estuvieron como hasta las 3 de la mañana. Esperaban la llegada del compañero de mi hermana. Comieron, robaron todo lo que se podía robar y lo más duro es que mi hermana, que estaba embarazada, había sido muy torturada. Esa imagen es muy difícil de sobrellevar. No podía hablar, estaba esposada”.

Admitió que “a partir de ahí, todas las relaciones cambiaron”. Ella se fue con Clarita, la hija de su hermana, y su padre a Las Heras hasta que su papá (Constantino Petrakos) le pidió que se la llevara porque “corría riesgo”. “La llevé a Buenos Aires y la entregué en una plaza de Primera Junta”, apuntó. “Algo que fue absolutamente traumático fue no saber absolutamente nada del embarazo de mi hermana”, mencionó, al tiempo que dejó asentado que su hijo-hija debió nacer en abril de 1977.

Habló de una “familia mutilada”. “De una familia normal y feliz, en cinco años perdimos a cuatro de los seis y ninguno por muerte natural. Mi hermana, particularmente, fue asesinada después de haber sido torturada”, se explayó, y remarcó que hay un sobrino que aún no conoce. Clara se fue a vivir a Salta con sus abuelos paternos. “Fue una situación muy conflictiva”, sostuvo.

“Pasaron 46 años y a nivel justicia, todo ha sido muy limitado, muy acotado, con pocos genocidas presos, menos aún en cárcel común. Los aportes han sido siempre de la familia o compañeros de cautiverio. El Estado acompañó pero no generó situaciones. Es poco y nada lo que se sabe de mi sobrina nacida en cautiverio y no sabemos nada de los restos de mi hermana. Por eso pedimos la apertura de los archivos”.

Petrakos

Clara Petrakos, hija de María Eloísa Castellini y Constantino Petrakos, fue la última testigo, también de forma presencial. Ella busca a su hermana. “Los secuestraron porque militaban por una sociedad más justa y por el derecho de todos a una vida digna”, aseguró.

Pasó a describir a sus padres. Sobre Eloísa, señaló que “fue una joven, que con 18 años, en vez de ir con su familia a Mar del Plata decidió ir a un pareja de Río Negro para hacer los cimientos de una escuela primaria”, y mencionó que en el jardín en el que ella trabaja es recordada con mucho cariño. Quería estudiar Historia del Arte y Agronomía. “Llegó a dar tres materias de cada una”, recordó. Consideró que habría empezado a militar en 1973.

“Mi papá fue una persona muy querida por sus pares, sus compañeros, a tal punto que cuando él estaba en cuarto año y a raíz de un intercambio con un preceptor, hicieron una sentada y no la levantaron hasta que lo reincorporaron. Tuvo dos desarraigos muy importantes: a los 4 años, cuando vino con sus padres de su Grecia natal y luego con mis abuelos vivieron en Salta, y a los 12 años creyeron que lo mejor para él era estudiar en colegio pupilo en Buenos Aires”

De acuerdo a la reconstrucción, estuvo detenida en Puente 12 desde noviembre de 1976 a una parte de enero de 1977 y fue trasladada al Pozo de Banfield. “No hay testimonios de ella en febrero y marzo de 1977, también es posible que haya pasado por algún lugar en Quilmes o en Bernal”, apuntó Clara.

Yo no puedo creer que robar, comprar y vender bebés no es delito. Es una vergüenza que no esté tipificado el robo de bebés como delito”, dijo. “A 46 años de iniciadas las apropiaciones de nuestros familiares, sólo un tercio de ellos fue encontrado. Muchos murieron sin poder encontrar y abrazar a sus familiares encontrados, es el caso de mis abuelos, de Chicha Mariani y de muchísimos familiares“, completó.

En el cierre, pidió la incorporación de la técnica SNP en el Banco de Datos Genéticos, porque permitiría obtener mejores resultados, ya que hay 50 familias cuyos datos son insuficientes.

El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el 17 de mayo, en la que será una audiencia virtual.

Brigada Pozo de Quilmes, sitio de memoria

Son juzgados, por los delitos cometidos en el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes, el ex ministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura, Jaime Smart; el ex director de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz; el ex médico policial Jorge Antonio Berges; Federico Minicucci; Carlos Maria Romero Pavón, Roberto Balmaceda y Jorge Di Pasquale. También son juzgados Guillermo Domínguez Matheu; Ricardo Fernández; Carlos Fontana; Emilio Herrero Anzorena; Carlos Hidalgo Garzón; Antonio Simón; Enrique Barré; Eduardo Samuel de Lío y Alberto Condiotti. Por los crímenes de lesa humanidad cometidos en “El Infierno” también están imputados Etchecolatz, Berges y Smart. Miguel Ángel Ferreyro falleció en el transcurso del juicio, estaba imputado por los delitos cometidos en la Brigada de Lanús.