JUICIO A BRIGADAS, DIA 88. UN TESTIMONIO TRANS

Este martes 22 se desarrolló la audiencia 88 de Juicio Brigadas, con testimonios de tres sobrevivientes de cárceles clandestinas durante la dictadura, ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata conformado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico.

El primer testigo fue el sobreviviente Santos Boria, quien precisó que fue trasladado al Pozo de Quilmes donde fue torturado luego de su secuestro en Claypole (Almirante Brown), en septiembre de 1977 y liberado en febrero de 1978.

Respondió las preguntas de Ana Oberlin, del ministerio Público Fiscal. El testigo explicó que ingresaron por un portón de chapa y de inmediato empezaron a torturarlo. Lo interrogaban sobre personas que trabajaban con él en la fábrica Peugeot. “Me hicieron sacar la ropa, me ataron a una especie de mesa y me torturaron con picana eléctrica”.

Fue trasladado, luego, al tercer piso del Pozo donde fue alojado en un calabozo solo. “Había otras personas más abajo, pero en ese piso estaba yo solo”, comentó. Una vez que fue liberado, se fue a vivir a Italia, donde tenía parientes.

Eduardo Castellano, también sobreviviente secuestrado a fines de enero de 1976, cuando a su vivienda durante la madrugada ingresó un grupo de seis personas “sin identificación” estuvo detenido en El Infierno, de Avellaneda.

Yo vivía en Tucumán y tuve que venirme porque era muy fuerte la persecución. Un montón de trabajadores de la universidad tuvimos que venirnos para Buenos Aires. Vivía, a cuatro cuadras del centro de detención, abajo de la casa de una pareja y se ve que vieron unas revistas que tenía, una del ERP, otra de Montoneros, y una máquina de escribir”.

No bien llegó, fue a una “sala de tortura”.

Me desnudan todo, me ponen en un catre, me atan las dos manos y los dos pies en las patas de las camas. Me ponen un cable en el dedo gordo del pie. Ponían una música para que los gritos no se escucharan en la calle. La picana eléctrica era como una radio, de esas antiguas, con un cable. Era un mango con un cable, de donde salían chispitas de corriente. Primero me tiraron agua y después me fueron torturando. Había un médico que decía ‘ya está, ya está, no le den más porque se va a ir’. Vi que llevaron a tres chicas embarazadas, con las manos atadas con alambre, también vi a dos señoras grandes. Venían los bomberos de Avellaneda, que traían los tachos de comida. Los policías que estaban ahí decían que a las extremas había que llevarlas a la maternidad. Después me llevan al Pozo de Banfield, y me enteré que las llevaban ahí para que tengan el bebé”.

Dio nombres de los efectivos de la Policía bonaerense que estaban en la Brigada de Investigaciones de Lanús. “Todos sabían lo que sucedía”.

El defensor oficial Gastón Barreiro marcó una contradicción en la declaración del testigos respecto de la presencia de un médico e intentó leer el documento del Juicio de la Verdad, pero el Tribunal decidió no cotejar las contradicciones, luego de que la Fiscalía manifestara su oposición y varias querellas; entre ellas, Justicia YA y la Secretaría de Derechos Humanos. La decisión la tomaron los jueces durante un breve cuarto intermedio.

En una reflexión final, Castellano apuntó contra el ministro Sergio Berni y advirtió que “la conducción de la Policía bonaerense es un descontrol” y “las cosas no cambiaron”. Andrés Núñez, Julio López (ambos desaparecidos en democracia) y Lolo Regueiro (murió durante una brutal represión en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata hace poco) fueron los nombres a los que mencionó Castellano. Por otro lado, manifestó que los genocidas tienen que ir a la cárcel común e hizo un pequeño homenaje a Hebe de Bonafini, quien falleció el domingo y cuyos restos descansarán en la Plaza de Mayo.

El presidente del Tribunal, Basilico, le preguntó si quería una custodia distinta de la Policía de la provincia de Buenos Aires y el testigo recordó que había rechazado esta medida cuando declaró en el Juicio de la Verdad. “Si yo llego a sentirme presionado o pienso que me van a hacer algo, tengo a donde dirigirme”, respondió, y agradeció la disposición del Tribunal.

En caso de necesitarla, el Tribunal le pidió que de inmediato lo hiciera saber y se tomarían las medidas, el presidente anunció que se dará curso a una investigación a partir de los amedrentamientos denunciados por el testigo en la previa a la declaración en el Juicio.

Valeria del Mar Ramírez fue la tercera en prestar declaración. Su testimonio es fundamental porque visibiliza el ataque a la comunidad travesti-trans durante los años de plomo. Ella estuvo 14 días en el Pozo de Banfield, donde fue torturada y violada en forma sistemática, no sabe por cuántas personas.

Estuve privada de mi libertad. Yo trabajaba en Camino de Cintura (Ruta 4) entre Seguí y la rotonda de Llavallol. Mi trabajo era ejercer la prostitución”

Explicó que fue detenida en dos oportunidades: a fines de 1976 y principios de 1977. En el primer caso, según dijo, fue una razzia y algunas de las personas detenidas (14) fueron a la Comisaría de Llavallol y otras a Banfield. Un patrullero las trasladó. La primera detención fue por dos días.

Continuó con precisiones de la segunda detención:

Para un Ford Falcon, nos agarran del brazo y nos meten”, recordó, y precisó que fue trasladada a Banfield. “Acá tienen las cachorras que pidieron”, dijo uno de los represores a otros que estaban en el predio. Ella estaba con una compañera, Romina. “No sabíamos por qué estábamos ahí. Después vinieron dos policías que me violaron, después de darme algunos golpes. Tuve que tener relación con los dos, anal y bucal.

«Me mostraban el plato y sacaban el miembro», en un momento se “rebeló”, para evitar esta situación, tomaba agua que había conseguido y se la sacaron al grito de “puto, te hacés el vivo”. “Después vinieron cuatro y me violaron. Y así, venían hasta que un día aparecieron y me sacaron para el lado izquierdo. Me llevaron a un lugar con colchones y vinieron otros tres y me violaron también. Preferiría que Dios me lleve, no sabía qué hacer. Lo peor fue que otro día me pusieron un pedazo de madera, eran seis que se reían mientras yo gritaba y pedía auxilio“, manifestó. Incluso, la amenazaron con una rata o una laucha, seguían viniendo todos los días, tres o cuatro, para violarme. Estaba agotada de llorar y de gritar”.

Admitió que hay cosas que contó recién hoy porque le daba vergüenza y era muy traumático recordar las cosas que le hicieron. Cuando lo contó, rompió en llanto.

Ella es secretaria de Derechos Humanos de Ammar (trabajadoras sexuales) y comentó que aún hoy “hay mucha violencia institucional”. También fue promotora de salud por dos años, en el hospital Ramos Mejía, y luego volvió a trabajar la calle. En lo físico y psicológico, no quedó bien, ante una consulta de la querella Justicia Ya, sobre el después, expresó:

A veces no quiero salir de mi casa. Tengo una jubilación mínima y estoy pagando moratoria. Si pago donde vivo, no como. Gracias que estoy en el sindicato de trabajadoras sexuales y vengo a buscar todos los días comida. Desde hace 10 años que vengo luchando por la indemnización, recién la pude cobrar el año pasado y me dieron 50 mil pesos. Llegar a mi edad, 66 años, trabajando toda la vida, junto con mi madre, y no saber si mañana estoy en la calle… No estoy bien y no sé qué va a ser de mí porque las heridas las tengo en el cuerpo, nadie me las saca, la mochila tampoco”.

Basilico le explicó a Ramírez que la asiste la ley 27.372 (de víctimas y testigos) y le pidió a la Fiscalía y su querella que lo mantuvieran al tanto sobre las disposiciones que se tomasen en ese sentido. Tomó nota de la vulnerabilidad de Valeria del Mar, aún hoy.


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