
El reciente anuncio de la venta de las 24 sucursales de Makro en Argentina, incluyendo la de Quilmes en Av. Calchaquí 500, ha despertado una gran preocupación entre los empleados y el sector empresarial. Este movimiento se da en un contexto de profunda crisis económica en el país, donde, según informes, alrededor de 50 pymes cierran sus puertas cada día debido a la caída del consumo bajo el gobierno de Javier Milei. Empresarios y trabajadores temen que una nueva ola de desocupados golpee el mercado laboral, aumentando aún más el desempleo.Uno de los nombres resonantes en la historia de Makro es el empresario Francisco de Narváez, quien en 1988 colaboró en la apertura del primer supermercado de la cadena en Olivos, en un momento de expansión económica. Sin embargo, la situación actual dista mucho de aquellos días. Con el grupo SHV Holdings, dueño de Makro, buscando desinvertir en Argentina por una suma cercana a los 200 millones de dólares, la incertidumbre crece entre los trabajadores que temen por su futuro.Las negociaciones con posibles compradores, que incluyen tanto empresas mayoristas como cadenas de supermercados, aún no ofrecen claridad sobre lo que sucederá con los puestos de trabajo. En el actual clima de recesión, el cierre de empresas y la caída de la demanda afectan a cientos de negocios que no logran mantenerse a flote, alimentando el temor de que las grandes transacciones empresariales dejen tras de sí un mayor número de desempleados.El temor es palpable entre los empleados de la sucursal de Quilmes y las demás tiendas de Makro en todo el país. Con la economía sufriendo bajo los efectos de las políticas de ajuste del nuevo gobierno, la venta de una cadena de la magnitud de Makro podría ser un indicio de que más empresas internacionales seguirán este camino, contribuyendo a un aumento del desempleo que ya preocupa a empresarios y trabajadores por igual.