El film «Avompla, Antes de Navidad”, opera prima de Adriana Lewczuk, reconstruye el intento de copamiento por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) sobre el batallón Viejobueno, del Ejército, el 23 y 24 de diciembre de 1975, en Bernal.
A través de las voces de las mujeres del barrio y de una de las militantes que participó de la acción se construyeron escenas nunca narradas. Al contrario de los hombres, que aseguran no recordar, ellas dan cuenta de la batalla con imágenes muy vívidas guardadas en la memoria.
El ERP, el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), llevó adelante una toma del Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno para secuestrar armamento en pos de continuar la lucha armada. La operación se concretó pero fracasó, un informante infiltrado comunicó cada movimiento y los militares asesinaron a 100 personas entre militantes y vecinos. El Ejército torturó y asesinó a detenidos luego de su rendición, un paso más de la crueldad que luego se convirtió en un plan sistemático durante la dictadura. Es un documental que lleva la impronta de las mujeres de la villa, del barrio y la pobreza.

Por esos años, algunas de ellas eran jóvenes trabajadoras y jefas de hogar; desde su punto de vista, relatan lo que vieron, lejos del academicismo y la investigación histórica que sólo se hace presente en imágenes de archivo y voces secundarias.

La directora se formó en el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda, la minuciosa investigación para esta obra, duró 14 años y tiene la particularidad de contar con un equipo de realización integrado sólo por egresados de esa casa de estudios, que conlleva una forma de hacer cine propia del conurbano.
Durante la infancia de la cineasta, el batallón era un lugar donde los pibes de su edad iban a jugar y nadar en la tosquera que estaba en el predio. Aunque era peligroso, los chicos aprovechaban a darse unos chapuzones, en lo que tal vez era el único espacio donde podían refrescarse. La playa de los pobres, le decían. En el barrio siempre se contaba que alguno moría ahogado, muertes que sólo trascendían algunas cuadras, poco importaba lo que le pasaba a un pibe que vivía en una villa.
Más tarde, Adriana se enteró de lo sucedido en el batallón por su papá, que en 1975 ya vivía en el barrio, y le contó a grandes rasgos lo que había pasado aquel 23 de diciembre. Recién cuando entró a la militancia de izquierda, supo en detalle la acción que había llevado adelante el PRT.
Una vez iniciada su investigación, en 2008, la directora se dio cuenta que muchos de los vecinos sabían poco del hecho, ni siquiera conocían el nombre del partido político que había participado de la toma. Los varones eran más reacios a contar y en las mujeres encontró un relato vivo y una memoria colectiva que la acercó a los hechos desde el prisma de sus miradas.
Explica Adriana:
«Me llamó mucho la atención el desconocimiento. En esa época, los adjetivaban eran terroristas, subversivos y montoneros pero la palabra ERP jamás aparecía (…)
(…) Ahí se planteó la antesala del terrorismo de Estado y siento que lo que pasó en Chingolo fue un hecho muy grande que no es tan hablado. No hay fotos de esa descripción de la hilera de cuerpos y si las hay, no se las encuentra. Estamos hablando del gobierno de Isabel Martínez de Perón; meses después, fue el golpe.
La Triple A ya estaba funcionando, antes de lo de Chingolo hubo situaciones de represión, y esto fue un golpe estatal antes de la dictadura, el propio Videla estuvo ahí.
No se sabe cuántas personas murieron, varios de los tiros que disparaban desde el helicóptero del Ejército iban a los ranchos como los que hay hoy y las balas, las trazadoras, perforaban las casillas. Lo único que encontré fue un documento que decía que cualquier baja civil no era responsabilidad del Ejército argentino, sino de los terroristas. Me contaron de personas desaparecidas, pero todavía hay miedo, mucha gente no quiere hablar, eso me sorprendió«.

