
El ferrocarril, en el conurbano, es un mundo que sorprende, lleno de historias trágicas y de pérdidas, de abandonos y también reencuentros y caras sonrientes. Es como un animal mitológico, enorme, con miles de cabezas expuestas, a veces dispuestas, a la aventura de un viaje que, siendo rutinario, no deja de sorprender.
Esas historias se vinculan muchas veces con la música callejera: por los huecos, a veces mínimos entre un pasajero y otro, vuelan notas que reconfortan y hacen leve el traslado. Ese es el momento en que se espera que llegue la música antes que termine el viaje.
Koke es uno de esos músicos, sabe que gusta y eso le hace bien, en cuanto el tren salió de Constitución ya se lo escuchaba. Cuando pasa el vendedor de chocolates, con la guitarra y la voz improvisa una publicidad que el ambulante agradece con un guiño. Los pasajeros le responden, se enganchan con su repertorio (en este vagón, Stand by Me traducido en castellano) y algunos hasta intentan llevar el ritmo con el cuerpo, en medio de otros que dan la espalda a la conexión que hay entre músico y oído, que llega a vibrar en el alma. El artista ayuda a una mamá a acomodarse con su bebé, a resguardo. Imposible no recordar en este punto a Marcelina Meneses y Joshua, que murieron arrojados del tren en aberrante discriminación en 2001.
Antes de bajar en Quilmes, Koke acepta que le saque fotos y con una sonrisa tira: «Mi Guarida secreta». Es ésta (Instagram).


Encantador el artista
Un grande Koke
Canta muy lindo y con el corazón y eso se siente. Felicidades por el reconocimiento de esta señorita bella. Ya es parte del tren.