
Rodolfo Mogensen, uno de los más incisivos en el periodismo quilmeño, falleció este martes 16.
Durante dos décadas de encuentros, me había relatado grandes hitos de la profesión en el distrito, lo que incluía su participación en las acusas judiciales que tuvieron en jaque a todos los intendentes de Quilmes mientras trabajó.
De todas aquellas historias, elegí para despedirlo la menos conocida, la que lo tuvo a los saltos en la década del ’70; que redacté para mi libro.
Los ’70
Rodolfo hacía el servicio militar obligatorio en 1970 cuando los Montoneros secuestraron a Pedro Aramburu, el dictador al mando mientras fusilaban a civiles en 1956.
En el batallón 601, notaba la alegría de la oficialidad cuando le bailaban:
–¡Soldado Mogensen! ¡Carrera march a buscar a Aramburu!
Después, oía rumores:
–… parece que planeaba derrocar a Onganía con el consenso de la clase media y parte del Ejército. Deben ser los servicios.
El Servicio de Informaciones del Ejército, en tanto, pasó un dato: lo tenían en una casa cerca de Av. Pavón, en Avellaneda, pero Onganía se demoró, no confiaba en Alejandro Lanusse, jefe del Ejército. Llegaron media hora después de que la casa se vaciara.
Ya llegaría su turno de correr pero por otro episodio, a partir de la militancia guerrillera de su primo hermano, a quién él y muchos más consideraba un hermano más que primo.
Cinco años después, el 11 de septiembre de 1975, Hugo Mogensen mantenía secuestrado a León Domenech, un ejecutivo de una petrolera. Hasta la casa donde lo retenían en Bosques llegó el comisario Miguel Etchecolatz a partir de una delación de Jesús Oso Ranier. Hugo M. venía de pelear en Tucumán con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y el tiroteo que emprendió en Varela fue el más grande de toda la zona sur antes de la toma de Viejobueno. El, con Tristán Montoto, de la misma edad (22 años) y una chica de 24, Susana Asconapé, mantuvieron a raya a efectivos de cuatro comisarías y al juez, desde la medianoche hasta que salió el sol, cuando llegó el 7° Regimiento de Infantería de La Plata a tirarles tres morterazos a la terraza desde donde habían agotado sus municiones.
Rodolfo fue a Berazategui para el velatorio, lleno de milicos, donde Hugo estaba en un cajón cerrado. Ya en el entierro, en Ezpeleta, puso el oído a quien informaba:
–Las pericias no encontraron rastros de alcohol ni de drogas.
En eso pensaba cuando, en la pizzería Oriente, se cruzó con un policía que, apenas lo vio, levantó las manos y se justificó:
–¡Yo no tengo nada que ver con lo de tu hermano, eh!
–Cagón de mierda –murmuró.
Subió al 85, rumbo al río, y se encontró con una ex novia. Cada uno supuso que el otro no sabía. Al bajar, lo sorprendió:
–De verdad, fue un héroe tu hermano –y sacó del bolso una Estrella Roja, la revista del ERP. El se la pegó a los anteojos: “Gloria a los héroes de Varela”, leyó; daban cuenta de que allí “estaba el ejecutivo de Isaura que resultó muerto” y, en contratapa, fotos de los tres caídos.
Rodolfo supo que si todos lo tomaban como el hermano, no tardarían en buscarlo. Así empezó su derrotero de clandestino. Durmió en trenes o baldíos; inventó nombres e historias que dieran orden a su mente:
–Pensar que hace meses había quienes simulaban ser terroristas para extorsionar a comerciantes –me relató, antes de repetir que «Quilmes está maldito», justo él, un sobreviviente.

Este martes, el primer medio en despedirlo fue el de Adrián Di Nucci:
Luego de una larga enfermedad, falleció este martes el periodista y comunicador quilmeño Rodolfo Möguensen, un apasionado de la política y sus anécdotas y detalles curiosos. Desde hacía años se había volcado al periodismo, trabajando y colaborando en distintos medios, entre los que se destacaba Perspectiva Sur. A pesar de su estado de salud desde hacía tiempo, Möguensen no escatimaba salidas, cafecitos y hasta algún pucho para poder generar esas relaciones públicas que tanto lo animaban y lo mantenían vivo, en cualquier bar del centro. En los últimos días se fracturó la cadera, situación de la que ya no pudo salir en su internación. Quienes hacemos El Suburbano enviamos nuestras condolencias a sus familiares y amigos, en especial a su esposa Alicia.
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