OTRO BALANCE DE FIN DE AÑO EN LA UCR

Por abogado Santiago García Scardigno

En los primeros 365 días de gestión, Javier Milei ha revolucionado el discurso político argentino y la forma de gobernar, contrasta fuerte con administraciones anteriores. Inspirado en estrategias descritas en “Los ingenieros del caos” de Giuliano da Empoli, Milei ha construido un relato emocional que apela tanto al entusiasmo de su base como a la frustración del electorado con «la casta política». Sin embargo, uno es lo que hace y “la única verdad es la realidad”, entonces podemos aseverar que no ha cumplido con varias de sus promesas iniciales, tales como: la eliminación del Banco Central, el combate contra la casta y la dolarización; aunque todavía tiene crédito en todas estas aristas porque disminuyó la emisión monetaria, controló los piquetes y se desaceleró la inflación.

Un Balance de Impacto: Logros, Frustraciones y Esperanzas

La columna vertebral del Gobierno Nacional son la reducción del gasto público y la desregulación económica. Sin embargo, estas políticas han dejado a sectores vulnerables en condiciones precarias, especialmente a los jubilados, cuya calidad de vida ha empeorado pese a cierta esperanza que tienen algunos abuelos, sostenida por la idea de que «todo lo demás fracasó, hay que esperar a Milei».

La inflación, aunque contenida en términos nominales, no ha mejorado mucho el poder adquisitivo de la población. Como anticipé hace un año, este escenario genera una reacción social múltiple: tranquilidad inicial por la baja de precios, seguida de frustración al constatar que la capacidad de consumo sigue limitada. Esto podría derivar en un aumento del pluriempleo o, eventualmente, demandas masivas de mejores ingresos. En 2025, estas demandas podrían definir el rumbo político y la campaña, mientras que el gobierno buscará esquivar responsabilidades argumentando que necesita ganar las elecciones de medio término para consolidar sus reformas. Algo que es falso porque choca con la omnipotencia que ha mostrado hasta ahora el Presidente.

Comunicación, polarización y pactos políticos

La presidencia de Milei no solo se sostiene en su base electoral, sino también en un ecosistema digital que amplifica su mensaje. Esta estrategia incluye mantener una confrontación constante con Cristina Fernández de Kirchner, con quien ha sellado un pacto tácito para designar jueces afines y conservar la polarización como herramienta política. Al mismo tiempo, Milei ha evitado gestos simbólicos que refuercen el respeto institucional: por ejemplo, no celebró los 40 años de la reforma constitucional de 1994, mientras Cristina sugirió la abierta necesidad de una nueva reforma, algo que Milei comparte como uno de sus anhelos principales.

Pero los vínculos con las tradicionales estructuras políticas no terminan ahí. La colaboración que ha tenido todo el peronismo a la hora de armar las listas del libertario y al tener más de 1800 funcionarios en la administración (informado por el Jefe de Gabinete) fueron fundamentales para la supervivencia. Claro que todo esto no podría haberse sostenido de no ser por el ataque constante que Milei efectúa sobre las creencias políticas de antaño.

Quitarle misticismo a determinadas acciones políticas como la concentración popular, los comunicados y las ceremonias ubican a los dirigentes en un incómodo rol que pueden soportar de dos maneras: permaneciendo inmóviles o pactando con Milei. Para esto, el rol de los comunicadores digitales y de los medios clásicos es determinante puesto que forman opinión y la gente no tiene presente que Milei es lo que hace y no lo que dice. El discurso libertario se saltea a la razón y logra tocar las fibras más conservadoras y gorilas de los argentinos.

Aclaración: ser “gorila” no es una cuestión peyorativa; es la descripción de un sector cultural nacional, como el ser peronista o futbolero, algo que no siempre obedece a la razón, sólo existe.

Conclusión: La Argentina del Futuro Inmediato

El gobierno de Milei refleja un experimento político que combina una narrativa disruptiva con decisiones económicas de alto impacto. Sin embargo, las crecientes tensiones sociales y los desafíos institucionales plantean preguntas sobre la sostenibilidad de su modelo, y solo hablo del aspecto político porque este gobierno va a terminar en 2027 debido a la falta de condiciones para un golpe de Estado (por afortuna). A medida que el país se adentra en 2025, el equilibrio entre las expectativas de cambio y las demandas de la ciudadanía determinará el destino de una gestión que busca “refundar” la Argentina mientras navega por aguas cada vez más agitadas. El pragmatismo de la administración Milei va a permitir la profundización o viraje de su gestión y narrativa, y al mismo tiempo es lo que le permitirá al presidente rapiñar a espacios políticos como el PRO o la UCR.

Mientras no aparezcan actores nuevos, la Libertad Avanza tiene el futuro electoral controlado.
Propiciar la unidad partidaria es importante en la oposición para no achicarse mucho en el 2025, pero no lo es todo: la única manera de disputar poder es crear perfiles frescos con valores sólidos, sensibilidad y agallas para crecer sobre el terreno arrasado por Milei.


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