
3 a 0 perdió Quilmes ante Alvarado en su excursión por estas tierras y, de esta forma, casi que le dijo «adiós» a la posibilidad de ingresar al torneo reducido por el segundo ascenso. Quedó a cuatro puntos de Deportivo Riestra, el último clasificado por el momento (aunque los porteños deben jugar el lunes ante Brown).
En inicio del cotejo, el Cervecero se plantó como siempre. De hecho, a los 4 minutos tuvo la primera aproximación a la valla de Pedro Fernández, con una entrada de Camilo Machado (quien, en velocidad, le ganó a Nicolás Ihitz). El balón fue al centro del área y allí Matías Ruiz Díaz le pegó mordida. La pelota se fue cerca. 17 minutos después, Batista lo tuvo con un tiro desde tres cuartos de cancha que el golero de Alvarado sacó por encima del travesaño.
Allí se murió Quilmes. Alvarado, de a poco, le ganó la batalla en el mediocampo. Primero, avisó con un remate de Ariel Chaves desde la media luna. Fue cuando Esteban Glellel perdió la pelota solo (no la pudo agarrar con sus manos y el balón quedó fuera del área mientras él, casi vencido en el piso; por eso la punteó). A los 33 minutos, y con solo dos pases, el local marcó el primer tanto. Se escapó por izquierda Solís y definió ante la salida de Glellel. Ni Ruiz Díaz ni Moreira salieron en la foto. Quedó solo Lamberti en corrida desesperada pero ni llegó a atorar al autor del gol.
Tras el tanto, Quilmes desnudó sus falencias en ofensiva. No hilvanó jugadas en ofensiva ni tampoco apostó a alguna individualidad. Por el contrario, otra vez Alvarado marcó con dos pases. Con algo tan simple como un centro al corazón del área puso el segundo tanto en el marcador. Lo mandó Nazareno Solís para Jorge Ramos. El 9 le ganó en el salto a Fernando Evangelista Iglesias y aprovechó que Glellel dudó en la salida. Desde allí, Quilmes tuvo solo un remate de Batista en un ingreso por la izquierda del ataque y que tapó Fernández.
Si en algo se diferenciaron Alvarado y Quilmes fue en la precisión del balón. Por el lado de los marplatenses, en pocos toques llegaron siempre al terreno rival. El equipo de Coyette, por su parte, siguió con su prédica de pases rápidos y al pie, en donde parece que si no la toca todo el equipo no vale el gol.

Segundo tiempo, mismas falencias
Apostó Coyette por los ingresos de Mariano Pavone, Emanuel Moreno y Federico Tévez. Quilmes se paró con un esquema donde la defensa estuvo integrada por tres futbolistas: Tévez, Lamberti y Evangelista. Con el paso de los minutos, y la salida del ex-Platense, solo dos defensores quedaron en el fondo albo. El resto del equipo estuvo volcado a un ataque desdibujado.
Quilmes tuvo pocas jugadas de riesgo para la valla marplatense. Un doble cabezazo entre Evangelista y Pavone derivó en que la bola se fuera apenas por encima del travesaño. También un tiro por izquierda de Moreno, muy fuerte, que Fernández tuvo el gran mérito de tapar. Después, un tiro libre del paranaenses que besó el ángulo superior izquierdo del arco de Alvarado.
El equipo de Rubén Forestello la hizo fácil: un tiro largo y jugada entre Matías Rodríguez y el ingresado Leandro Vella derivaron en un remate al que Glellel no llegó. El 3 a 0 fue lapidario. Otro contragolpe pudo ampliar cifras, con la corrida de Vella solito ante el 1 cervecero. El marplatense intentó picarla pero sucumbió ante el golero del Decano. Dio la sensación de que subestimó la situación.
Ante el festejo local, Quilmes se retiró derrotado en todo sentido. Por un lado, será muy difícil que, a falta de tres fechas, clasifique para el torneo reducido por el segundo ascenso. Por otro, el nivel futbolístico exhibido en esta ciudad fue dantesco: sin precisión en defensa y con un juego que necesita de componentes aceitadísimos, no tuvo alternativa cuando las cosas no salieron. Fue 3 a 0 porque enfrentó a uno de los pobres de la categoría, esos rivales que sacan a relucir lo mejor que tienen, aunque sea poco. Como decía Gustavo Alfaro, «hay que saberse inferior pero no creerse inferior».
