
Quilmes cayó ante Atlanta por 3 a 1 como local en una noche en la que no le salió nada. De a poco, fue dominado por un rival que empezó de forma caótica y terminó como un equipo que supo qué hacer en todo momento. Por el contrario, el Cervecero no solo se ahogó en un mar de imprecisiones sino que sufrió avatares propios de este deporte.
El esquema que presentó Quilmes fue con dos defensores netos más los marcadores de punta en constante subida. Un mediocampo con poca marca (como siempre, esta vez el que se calzó el traje de raspador fue David Drocco), un enlace (Iván Colman) y tres delanteros. A priori, un elenco ofensivo. Sin embargo, como en casi todo el torneo, lo flojo del equipo estuvo en la contención del medio (en la tribuna dirían «no marcan a nadie») y la falta de ideas en ofensiva. Quilmes se repitió en centros a la olla que Atlanta contrarrestó de forma fácil.
El equipo capitalino armó una maraña de casacas blancas que dificultaron la creación cervecera. Salvo un centro de Martín Ortega que se le iba a colar a Francisco Rago en en el ángulo y una pifia de Federico Tévez que derivó en quite del 4 a Matías Donato cuando iba a definir, todo se jugó lejos de las áreas. Recién después de los 20 minutos, dos buscapiés hicieron vibrar a los corazones. Por el lado de Quilmes, Federico González tiró el centro y Kevin López punteó la bola, pero esta se fue cerca del palo. En el área propia, Juan Galeano mandó centro rasante atrás y justo Rafael Barrios mandó al corner.

A partir de allí, Quilmes decreció en ofensiva (solo un tiro aislado de Kevin López desde afuera del área). El que se agrandó fue Atlanta que, con precisión en los pases, llegó con claridad al área de Matías Budiño. Una masita de Juan Bisanz que controló Matías Budiño, un despeje de Rafael Barrios y la apertura del marcador. A los 39 minutos, Julián Marcioni le ganó la pelota a Agustín Bindella y este le cometió un penal muy evidente. Fue Juan Galeano el que venció a Matías Budiño y puso el 1 a 0.
En el segundo tiempo se profundizó todo
Quilmes encaró la segunda etapa sin cambios. Tras una jugada para cada uno (cabezazo de Martín Ortega que tapó Francisco Rago y un tiro cruzado de Juan Galeano), empezó el dominio táctico y territorial de Atlanta. Fue allí cuando el equipo se desarmó. Entró Emanuel Moreno a jugar de cinco y Camilo Machado por izquierda para acompañar las subidas de Agustín Bindella. Pagaron David Drocco y un muy silbado Iván Colman. Quilmes, en este lapso, solo generó un remate de Julián Bonetto que el golero de Atlanta capturó sin problemas. Por el contrario, en cada subida de los bohemios, sufrió el Cervecero.
El monólogo de Atlanta empezó en el medio, un lugar en el que en todo el campeonato Quilmes jamás encontró la forma de funcionar. Una entrada de Juan Bisanz, en donde la defensa cervecera quedó vaya a saber dónde, fue tapado por Matías Budiño. El 11 de Atlanta canchereó y el golero albo no se comió el amague. Luego, Matías Budiño sacó una pelota bárbara: centro de Alejo Dramisino que conectó el ingresado Fabricio Pedrozo solo adelante del arco. El arquero la sacó al corner, pero chocó contra Federico Tévez y cayó con su cuerpo sobre el hombro.

Matías Budiño alertó con gestos de dolor. Tras la atención médica, abandonó la cancha porque se sacó el hombro de lugar. En su lugar ingresó el golero debutante Juan Ignacio Morales, quien cumplió en esta jornada su primera citación como arquero de Quilmes (volvió este año del préstamo en Argentino de Quilmes). Olímpico fue el segundo gol de Atlanta, con un remate al ángulo de Juan Galeano. Ante la mala fortuna del arquero, la popular entera lo alentó con aplausos.
El Cervecero descontó enseguida con una media vuelta caída de Mariano Pavone, un gol clásico del Tanque. Pero no era la noche de Quilmes. Ni por fortuna ni por rendimiento, claro está. Atlanta sacó del medio y remató al arco, pero Juan Ignacio Morales la sacó al corner. Minutos más tarde, un tiro libre de Alejo Dramisino fue conectado por Alan Pérez en el segundo palo (le ganó la marca a Agustín Bindella) y puso el 3 a 1.

Quilmes se murió en un mar de dudas y centros a la olla, dignos de un equipo sin reacción ni ideas. Solo tuvo tres tiros: un cabezazo de Camilo Machado que se fue cerca del palo, un tiro libre de Emanuel Moreno que capturó Francisco Rago sin problemas y un tiro de Rafael Barrios que se desvió en un defensor y se fue cerca del palo.
Ni por asomo mereció Quilmes el empate. No jugó, no brilló y quienes debían responder no lo hicieron. El caso más evidente fue el de Iván Colman, por el que se esperó que aparezca de local y ante un equipo que arrastraba siete cotejos sin ganar. Pocos se salvaron del incendio: los cierres de Rafael Barrios y el coraje de Kevin López, para no esconderse como otros, quizá sean las excepciones más destacadas.
Flojo rendimiento, sin brújula ni certeza por dónde ir, así terminó Quilmes su invicto como local de 17 fechas (no perdía en el Centenario desde el invierno pasado ante Belgrano). Da la sensación que hay que dar otro golpe de timón pero de los bruscos. Si no, el acceso al torneo reducido estará cada vez más lejos.

