QUILMES SUEÑA MIENTRAS RAFAELA DUERME

RAFAELA (Enviado especial)

Hasta los pocos autos que circulan por los empedrados de esta ciudad son mansos. El sol baña a Rafaela como si acariciara el trigo espigado que está sobre la ruta.

La calma de la perla del oeste santafesino es interrumpida de forma leve por algún hincha de Quilmes que llega hasta el hotel con su hijo para firmar su camiseta blanca.

«Buenas tardes», saluda Mateo Magadán, el vicepresidente cervecero. El hincha logra su cometido y sube a su camiseta 4 por 4. Es muy fácil de reconocerlo: es el menos rubio en una ciudad donde la descendencia de los alemanes del Volga es muy fuerte.

Rubios, siempre rubios y muy amables, los rafaelinos se asombran del alto tránsito. «Nunca hay tantos autos a esta hora un sábado, parece que ustedes trajeron este trajín de Buenos Aires», dice Marianela Clementz, periodista deportiva de la ciudad.

El plantel cervecero almuerza en el hotel Plaza Ben Hur, sobre el Boulevard Roca. Una suerte de pastas con salsa muy suave y papas. En la puerta, el Plusmar que trasladó a la delegación espera paciente. Los futbolistas, todos vestidos con remera azul, suben a las habitaciones a dormir una siesta luego de comer.

Es tal el silencio que desde la calle se oye el ruido de la línea de cajas del supermercado El Pingüino, frente al hotel.

«¿Son de Buenos Aires? Bienvenidos», dice la playera de la YPF que está a 140 metros de la plaza principal. «Está medio mal la cosa, hoy si pierde Atlético creo que el Yagui renuncia», dice la veinteañera mientras carga nafta. No oculta su pasión por la Crema. «No esperen mucha gente en la cancha», contra Chicago se fueron silbados los futbolistas.

Pasa una señora en bicicleta y en la esquina, en el semáforo en rojo, se detiene. Todos los autos esperan. «Mirá, creo que los únicos que creímos que iba a pasar igual somos nosotros», dice un periodista de Quilmes.

Rafaela es la demostración de que aún queda tiempo, pero lejos, en los pueblos. A medida que pasan los minutos hay menos niños, bicicletas, ni autos en las calles. Sólo el silencio y la leve brisa que atraviesa la ciudad de norte a sur rompen con la monotonía del emblema de la cuenca lechera del país.

Hora de dormir. De descansar para encarar la tarde del sábado con el duelo entre Atlético y Quilmes. Hora de soñar mientras esta ciudad duerme.

Los cerveceros se juntan a comer el Bodegón Pía, en la calle San Martín, a pocas cuadras del estadio. Milanesas, lechón y ñoquis circulan entre quilmeños y parroquianos. Mientras unos rafaelinos degustan un Toro tinto y cerveza inundan las mesas atendidas por Marcos, quien vocifera «epa, me parece que hoy me hago de Quilmes».


La revista de Despos

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