¿UN BERNALENSE INTENTO MATAR A YRIGOYEN?

En 1929, se puso en peligro la vida del presidente Hipólito Yrigoyen en un intento de asesinato cuando circulaba con su custodia. El acusado, muerto en el intento, era de Bernal.

Por Alejandro Gibaud

Día de Nochebuena de 1929, 11.30 de la mañana. El radical que cumplía su segundo período presidencial desde octubre del año anterior, salía de su casa en Brasil 1039 y subía a su auto. Al lado se ubica su médico, Osvaldo Meabe. En el asiento delantero iban el chofer, Eudexio Giffi, y Alfredo Pizzia Bonelli, comisario a cargo de la custodia. El auto arrancó, por Brasil hacia el bajo. Detrás, el doble faetón con la custodia, dirigidos por el subcomisario Canzanello.

Al cruzar Bernardo de Irigoyen, de improviso salió del Pasaje Internacional (actual Pasaje Pablo Giorello; otra versión indica que fue desde el Hotel Tigre, vecino al pasaje) un individuo «de aspecto vulgar, vestido de gris, como de 40 años, de complexión delgada» que extrajo un revólver Johnson calibre 32 y disparó; primero, hacia el asiento delantero, hiriendo al comisario Pizzia en el abdomen; luego, al asiento trasero donde se encontraba el Presidente. El experimentado chofer acelera, maniobra en zig-zag para evitar dar un blanco fácil al tiempo que el subcomisario Canzanello descendió del segundo auto y le disparó al agresor que vació su cargador contra el coche presidencial, hirió a otro agente y corrió hacia la esquina de Tacuarí, se escondió detrás de un vehículo estacionado.

Los agentes de la custodia, más otros de la seccional 16, lo ultiman: el cadáver quedó con heridas en la nuca, el pómulo y hombro izquierdo, el labio superior y la caja torácica. Cuando Yrigoyen observó el cuerpo en la comisaría, lloró por Gualterio Marinelli, con domicilio en San Martín 190, Bernal.

Quién era

Había nacido en Ancona, Italia, en agosto de 1885. A los 11 años, llegó a la Argentina como otros miles de inmigrantes a «hacer la América» y, como muchos inmigrantes, comenzó pronto a militar en el anarquismo. Ya en 1907 fue prontuariado por Orden Social (División de la Policía encargada del espionaje en movimientos políticos) y militó en los grupos Nueva Era, Rumbos y Tiempos Nuevos, pero limitó su accionar a la propaganda callejera. En 1927 abrió un taller de mecánica dental en Brasil 811, a pocos metros de donde ocurriría el atentado. Para esa época estaba alejado de la militancia anarquista, con una vida acomodada junto a su pareja Ana Blanco, sus hijos Themis, Ariel, Gloria y su hijastra Isabel, en su casa bernalense.

¿Actuó solo? ¿Estaba en sus cabales?

La atención se volcó de lleno al pueblo:

«Sobre Bernal se han dirigido todas las miradas, a raíz del atentado al presidente de la República. El mote no nos hace mucho honor, por cierto. En la fantasía popular Bernal ha logrado destacarse, pero únicamente por ser ‘el pueblo donde vivía Marinelli'».

Crónica

El miércoles 25, la Policía se trasladó hasta estos lugares y entrevistó a medio pueblo en un intento, sin éxito, por comprender el motivo del atentado: don Gualterio era un excelente vecino, un colaborador activo de la Sociedad de Fomento, periodista amateur que cada tanto publicaba un suelto en el Crónica, hombre afable y familiar sin afiliación política desde su juventud y que nunca había emitido un comentario contrario al Presidente de la República.

«En dicha localidad se tenía a Gualterio Marinelli por un hombre de buenos sentimientos, y pocos son los vecinos que se resignan a creer que haya consumado un hecho como el que es de dominio público».

La Nación

La pregunta flotaba en Bernal: ¿Había sido nuestro vecino el autor del atentado o todo había sido un exceso de celo de parte de la custodia presidencial?

Las pruebas en su contra parecían contundentes: en noviembre le había vendido su exitoso negocio a un empleado por $2000, pero no le había contado nada de esto a su esposa. El comprador, Alberto Colmegna, declaró que Marinelli continuaba yendo al negocio a cobrar algunas deudas y siempre salía a la calle en el horario en que Yrigoyen partía para la casa de Gobierno. Testigos declararon haberlo acompañado a la isla Maciel a practicar tiro con el revólver encontrado en la escena del crimen, comprado días antes.

En su taller se halló una carta a su pareja, escrita el día 20, donde le deja “todo lo que me pertenece” en “caso de cualquier desgracia que pudiera acontecerme”. La pericia balística sobre el arma determinó que los disparos habían provenido de ella. Testigos dijeron haberlo visto disparar e Yrigoyen lo identificó como el agresor.

Pero existía otra cara de esta moneda, que Crónica y los diarios nacionales mostraron. Marinelli había sido víctima de un asalto camino a la estación de Bernal, asalto que casi le había costado la vida y, según su esposa, por eso había comprado el arma y hacía prácticas, como defensa. Respecto a su presencia en la zona y su intento de abordar el auto presidencial, Marinelli había estado internado y otros pacientes le habrían dado una carta para Yrigoyen pidiendo mejoras. El mismo 24, su familia había recibido en Bernal algunas aves, frutas y otros comestibles que Gualterio había comprado en la Capital para pasar las fiestas, lo que descartaba la premeditación del atentado.

Dos detalles hicieron la cuestión más sospechosa: la Policía ofreció a la familia de Marinelli pagar los gastos del entierro, actitud «sumamente sugerente» al decir de Crónica. El segundo detalle lo cuenta Osvaldo Bayer en su libro Severino di Giovanni, el idealista de la violencia: parece que no sólo don Hipólito lloró al ver el cuerpo de Marinelli, sino que también resolvió que la Lotería Nacional le entregue a la viuda un subsidio de 100 pesos mensuales. ¿Lo haría si no supiera que su muerte había sido un tremendo error policial? El acribillamiento de Marinelli que apenas les valió un sumario pronto cerrado a sus autores, los policías Alfredo Pizzia Bonelli y Carlos María Sicilia terminó con toda posibilidad de resolución del caso y a una semana del hecho el juez Rodríguez Ocampo cerró la causa.

¿Atentado premeditado, enajenación mental o craso error policial? Eso se preguntaba Crónica y todo Bernal. Para la mayoría, Marinelli era inocente. Fue enterrado en el cementerio de la Chacarita el 26 de diciembre por la mañana, llevándose con él la respuesta.


Una respuesta a “¿UN BERNALENSE INTENTO MATAR A YRIGOYEN?”

  1. Solo quería agregar que en otros medios fechan la llegada de Marinelli a la Argentina en 1905, con 20 años aproximadamente.

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