(CIQ) Ariel Prat subió a escena para un público selecto en el club Mitre al que cautivó con un repertorio inesperado.
Empezó con una dedicatoria a quien acababa de partir: Luis Felipe Alegre, a quien le agradeció su crítica a una versión musicalizada de un poema de Jorge L. Borges. Repitió con otra obra del poeta al que por prejuicio había tardado en acercarse, y empalmó con Enrique Cadícamo, para arribar entonces sí a Homero Manzi, y una referencia a su relación de trampa con Nelly Omar, quien cuando no podía atenderlo le contestaba un mero Después, título de la canción.
Hizo subir a Sacco, a quien le pasó la guitarra. Luego de su lucimiento, invitó al bajista Baldomero Suárez para tocar en clave de blues Seguime corazón.
Subió al tercero, su percusionista para introducir a Spinetta con su maravilloso poema Ella también.
Interpretó Los Perdidos («El que no sabe perder nunca llegará a saber lo que ganó»), con Bebe Ponti, un soneto que escribió cuando vino desde Quimilí al mismo departamento de donde se llevaron a su familia:
«Lo hacemos para recordar siempre que son 30 mil».
Siguió con Alfredo Zitarrosa, «ahora, en cajón». Otra vez refirió al disco tanguero nominado a los Premios Gardel. «El 28 es la entrega, el 29 me vuelvo a España», informó antes de un brindis. «Vayan a las redes y hagan lo que deben», propuso antes de presentar: «Entramos a la Bersuit».
Dedicó Tango Negro a «uno de mis maestros» e invitó otra vez a los milongueros a bailar. «De la milonga al fandango… Nuestra negritud, hay que defenderla. Murguerita».
Inspiró a bailar delante del escenario, hasta a una nena. Agradeció al Club el continuo buen trato. Encara una «ficción estoica». El bajista le canta a Bs. As. y Montevideo, «somos amantes de la Boca», evidenció. Cuando alguien gritó «Viva Perón», contestó «Carajo», e invitó a «que no nos roben el carajo». Presentó a sus músicos y, para el final, dejó a «quien les habla… Adorni». No necesitó convidar al coro porque la gente tomó la iniciativa. Al pedido de «otra», recordó:
«Cuando Gilberto Gil fue ministro de Cultura, decía que el carácter trágico de todo gobernante consistía en que debía optar por torcer la historia o ser enterrado por ella. Tengo unas ganas de enterrar…».
Se despidió con una autobiografía cantada. Él, que es músico, docente, cantante, difusor de la cultura rioplatense, apasionado por las expresiones populares, quien impulsó la ordenanza que declara a las murgas como patrimonio cultural en Ciudad de Buenos Aires y creó el club que reunió por primera vez a grupos de Uruguay. Prat colaboró en las discografías de León Gieco, Bersuit, La Chilinga, Flavio Ciancarullo, Juan Cáceres, Miguel Cantilo, Juan Carlos Baglietto, el quilmeño Gabriel Torres, entre otros y, ahora, con Alejandro Balbis, que sumaron a presentaciones como las del Mitre.