QAC, EN UNA MAR DEL PLATA DESTEMPLADA

MAR DEL PLATA – Enviado especial

Gélida e invernal, así está Mar del Plata para recibir a Quilmes. Como siempre, es un mar de autos que surcan la avenida Juan B. Justo o Independencia y se cruzan con las líneas de colectivos que pululan por la perla del Atlántico. Ni siquiera en domingo la Feliz pierde su condición de gran ciudad.

En medio del bochinche juega Quilmes. Lejos de sus hinchas y con la impopular televisación de DirecTV. A los teléfonos celulares de los periodistas llegan pedidos de links clandestinos para evitar que sea solo un domingo de radio.

Un viento frío y crudo atraviesa la zona del puerto. El patio de comidas está inundadísimo de turistas que aprovechan las promociones de picada de mar o gambas al ajillo. “Mirá, el Negro Olmedo”, dice un cincuentón con panza que le comenta a su hijo mientras mira un cuadro del gran rosarino que hizo y hace reír a generaciones. “Ay, gol de Estudiantes. ¿Ustedes son periodistas deportivos? ¿Y qué vienen a hacer”. Cuando se comenta que juegan Alvarado y Quilmes miran con cara rara.

Pocos saben del partido de la Primera Nacional, hasta que uno de los mozos se aviva de dónde vienen los periodistas: “Ustedes son de Quilmes, hoy le tienen que ganar a esos terneros”. Al rato, viene una cocinera para hablar con quienes hicieron 380 kilómetros hasta aquí. “Pero, muchachos; hoy, a ganarle a esos terneritos”. Los trabajadores del puerto, sin duda, son de Aldosivi y aprovechan para remarcar que, en esta zona de la ciudad, no hay hinchas de Alvarado.

“Nos viven copiando. Primero, ascienden a la B Nacional robándole un partido a los tucumanos pero nosotros somos el equipo de Primera de Mar del Plata”.

El viento se cruza con algunas miradas de hinchas de Quilmes que llegaron hasta aquí: “Vine ayer en tren a pasar el fin de semana; si se puede, entro a la cancha”, dice una veinteañera que, por lo bajo, guiña el ojo como si hubiera otro motivo por el cual venir hasta aquí. “Eso sí, no pongan quién soy, que mi novio cree que vine con amigas”. En tiempos de redes sociales, difícil no enterarse, pero no será por este medio.

Faltan pocas horas para que el equipo de Facundo Sava salga al Mundialista José María Minella a jugarse su chance para entrar a la zona de heptagonal. Mar del Plata, que respira más básquet que fútbol, poco sabe del partido. Entre mariscos, barbijos y el viento, la cocinera se despide del grupo de periodistas: “Adiós, buena suerte; espero que ganen”. Ojalá, señora, pero los que juegan son los futbolistas.


La revista de Despos

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