ATAQUE EN UNIVERSIDAD Y RESPUESTA ESTUDIANTIL

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En una noche que debía ser de debate y deliberación, la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) se vio envuelta en un violento ataque que dejó al descubierto la tensión entre los defensores de la educación pública y quienes pretenden socavarla. Lo que comenzó como una asamblea interclaustro de estudiantes, docentes y no docentes, con el respaldo de organizaciones políticas y sindicales, terminó en una agresión que dejó en shock a la comunidad.

La asamblea y el ataque

Todo transcurría con normalidad al inicio de la asamblea, donde se discutían las medidas de fuerza en defensa de la universidad pública. Sin embargo, un grupo de personas ajenas a la institución, con los rostros cubiertos y portando carteles en contra de las protestas estudiantiles, irrumpió en el encuentro con claras intenciones intimidatorias. Los organizadores de la asamblea, firmes en su decisión de defender el espacio democrático, sometieron a votación la posibilidad de permitir su participación. La decisión fue unánime: se les pidió que se retiraran.

Pero lo que debió haber sido el fin de una intervención desafortunada se transformó en un acto de violencia. Incapaces de aceptar la decisión de la mayoría, los agresores comenzaron a insultar a los cerca de 500 estudiantes presentes. La situación escaló rápido cuando estos individuos arrojaron gas pimienta en el recinto cerrado, provocando escenas de pánico y asfixia entre los estudiantes.

¿Quiénes son los responsables?

Los atacantes, según confirmaron fuentes de la propia universidad, pertenecen a una organización denominada La Julio Argentino Roca, ligada a figuras políticas locales como Nahuel Sotelo, secretario de Culto del Gobierno Nacional, y Estefanía Albasetti, concejal de Quilmes por el partido La Libertad Avanza. Este grupo, alineado con el proyecto político de Javier Milei, se presentó en la universidad en un claro intento de amedrentar a quienes se oponen al desfinanciamiento de la educación pública.

Ataque cobarde que no es un hecho aislado

Candela Ponturo, del Movimiento Universitario Evita, afirmó que este ataque es parte de un plan sistemático del actual gobierno para desmantelar la universidad pública. No se trata de un episodio aislado, sino de la implementación de una visión ideológica expresada por Milei, quien en un reciente discurso en el Centro Cultural Kirchner calificó a la universidad pública como un «privilegio de los ricos», al tiempo que argumentó que los sectores populares son quienes pagan el costo de su funcionamiento.

“La agresión de anoche no es sólo física, es política y simbólica”, señala Candela, advirtiendo que esta es una maniobra para eliminar el acceso de los trabajadores a la educación superior. Bajo la consigna de ajuste y austeridad, el gobierno avanza en un plan que busca privatizar la educación, cercenando el derecho al conocimiento a miles de jóvenes.

La respuesta estudiantil

«Lejos de intimidarse, el movimiento estudiantil está más unido que nunca. Las medidas de fuerza no se limitan a Quilmes, sino que se replican en universidades de toda la provincia y el país. El viernes, en una histórica votación, los centros de estudiantes de la UNQ decidieron realizar una vigilia con toma del edificio a partir del lunes 13 de octubre, en protesta por la falta de presupuesto destinado a las universidades nacionales», expresó Ponturo.

La movilización no se detiene, y la comunidad universitaria ha dejado claro que no permitirá que se les arrebate el derecho a la educación. “Este ataque, lejos de debilitarnos, nos ha fortalecido”, enfatizó Candela, recordando que los estudiantes no están solos en esta lucha: las organizaciones territoriales, sociales y sindicales están de pie junto a ellos.

La lucha continúa

El ataque en la Universidad Nacional de Quilmes es un reflejo del conflicto mayor que se libra a nivel nacional. Mientras el gobierno de Milei avanza con su agenda de ajuste, los estudiantes y trabajadores están decididos a enfrentar esta amenaza. La lucha por la educación pública sigue creciendo y resonando en todo el país, dejando claro que no cederán en la defensa de sus derechos.

Lo que ocurrió en Quilmes es sólo una muestra de la resistencia organizada frente a un modelo que busca el empobrecimiento y la exclusión. El movimiento estudiantil, más vivo que nunca, continuará alzando la voz por una educación pública, gratuita y de calidad, enfrentando cualquier intento de silenciar sus reclamos.


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