
Hace 40 años, Quilmes cumplió su última gran campaña en Primera División. Fue subcampeón de Ferro Carril Oeste en un torneo que estuvo marcado por la guerra de Malvinas. Durante la mayor parte del Campeonato Nacional de 1982, las noticias bélicas llegaban a los oídos de los argentinos casi con la misma velocidad con la que se consumía la información futbolera. Quilmes, por caso, estuvo a punto de ganar y sucumbió en la orilla.
En 1981, de la mano de José Yudica como director técnico, el Cervecero había sido subcampeón de Nueva Chicago en el torneo de 1ª B y había vuelto a Primera División luego de una sola temporada. Fue la primera vez en su historia que lo logró tan rápido.

Para febrero de 1982, continuaban en el plantel cuatro campeones de 1978: Guillermo Zárate, Horacio Milozzi, Hugo Tocalli y Jorge Gáspari. Como técnico, firmó Roberto Domingo Rogel tras la ida de Yudica a San Lorenzo (que había descendido en 1981 tras 67 años en Primera).
“En una guerra, la primera víctima es la verdad”, suele decir el refrán. El 30 de marzo de 1982, la Plaza de Mayo se llenó para repudiar a la dictadura cívicoeclesiásticomilitar que, en casi siete años de gobierno de facto, había sido una fábrica de violación a los derechos humanos, pobres y endeudamiento externo. Dos días antes, Quilmes había perdido el invicto en San Salvador de Jujuy al caer ante Gimnasia por 3 a 2. Hasta allí, la campaña era más que aceptable para un equipo recién ascendido: tres triunfos, cuatro empates y esa derrota. Más que nada porque una de las victorias había sido el último triunfo hasta hoy ante River en el Monumental: 3 a 2 con goles de Horacio Milozzi (penal), Ramón Ponce y César Lorea.

Aquella jornada del 30 en la Capital Federal y en otras ciudades grandes del país fue histórica porque permitió vislumbrar el fin de la dictadura. La consigna era “Paz, Pan y Trabajo” y agrupaba a estudiantes, ciudadanos de a pie y a los sindicatos, principalmente dirigidos por Saúl Ubaldini, quien era cervecero (pero no hincha de Quilmes, sino trabajador del rubro). La represión fue tal que en Mendoza la Policía asesinó a un manifestante, Benedicto Ortiz, y en Buenos Aires hubo más de mil detenidos.
Tres días más tarde, y cuando aun había presos por los sucesos del 30, la dictadura se embarcó en la última aventura para conservar el poder: recuperar las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, usurpadas por la corona británica ilegalmente desde 1833.El clima de júbilo se apoderó de los argentinos y, en Plaza de Mayo, el presidente, General Leopoldo Galtieri, dio un discurso desafiante: “Si quieren venir que vengan que presentaremos batalla”.
El presidente era alcohólico. Recordó alguna vez el guitarrista de Sumo y Las Pelotas, Germán Daffunchio, una situación que le tocó vivir cuando hizo el servicio militar. “Me tocó ser chofer de varios jerarcas, entre ellos Galtieri. Cuando se planeó la guerra yo estaba ahí; estaban todos en pedo, tomando whisky y planificando cómo iba a ser la llegada a las islas sobre un mapa gigante”.

Como suele decir el escritor Daniel Molina: “Nunca no hay fútbol”.
Dos días después, el 4 de abril, Quilmes recibió en Guido y Sarmiento a Instituto en el comienzo de la segunda rueda de la zona “A”. Desde esa tarde, en los estadios argentinos los 22 jugadores titulares y la terna arbitral formaban y cantaban el himno. Además, todos portaban un brazalete celeste y blanco. El equipo dirigido por Roberto Rogel le ganó 2 a 0 a los cordobeses y se alzó con un triunfo clave para el pase a los Cuartos del Final del campeonato.
“Estamos ganando”, podría haber titulado el grupo de los medios que seguían la campaña de Quilmes. Es que el equipo viajó a Mendoza para jugar el jueves 8 de abril por la noche en el estadio Provincial, que aun no se llamaba “Malvinas Argentinas”. Con ese triunfo, le sacó tres puntos a su vencido, Instituto y Newell’s.
Las noticias de Malvinas eran alentadoras en una prensa que navegaba entre la complicidad, la censura y el entusiasmo patriotero. Además, el júbilo argentino estaba por las nubes, como el de los cerveceros, que tres días más tarde vieron cómo su equipo le ganó a Nueva Chicago por 4 a 2. En ese encuentro, Horacio Milozzi ocupó algunos minutos el arco por la expulsión de Guillermo Bossio. Tras esa jornada, el elenco cervecero le sacó cuatro puntos de ventaja a sus perseguidores.

En la 13ª fecha, Quilmes visitó a Estudiantes de La Plata en 1 y 57. El partido iba 1 a 0 para los locales y el elenco de Rogel apremiaba por el empate. Bien vale recordar lo publicado por la revista “Un caño” en la edición de abril de 2012:
(…) En medio de esta locura, el 25 de abril Estudiantes y Quilmes fueron protagonistas de un hecho increíble durante el partido que se jugó en La Plata. El Pincha ganaba 1 a 0 por un penal de Brown, pero cuando Quilmes jugaba mejor y merecía el empate llegó lo insólito. A los 36 minutos del segundo tiempo, por los altoparlantes del estadio se escuchó una voz que paralizó a todos: “Señor árbitro, rogamos a usted detener el juego”. Juan Carlos Loustau, sorprendido, obedeció. Los jugadores, entonces, se agruparon a su alrededor.
“Lo recuerdo y se me pone la piel de gallina. Leyeron el comunicado de la Junta Militar que decía que se habían iniciado las acciones bélicas en las islas”, relata Héctor Clide Díaz, defensor de Quilmes. “Estaba en la barrera, escuché y enseguida lo busqué a mi compañero Pizzarulli, que era clase 61”. “Cagamos, nos llaman”, cuenta que dijo entonces Néstor Frediani, volante derecho cervecero. El tiempo se detuvo y ese puñado de minutos pareció eterno. El público entonó el por entonces inédito “y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés”. “Fue emocionante, imposible de olvidar”, rememora Jorge Gáspari, el capitán de Quilmes, que escuchó la noticia en la tribuna por haber sido reemplazado -en esa época no podían permanecer en el banco de suplentes-. Entre tanta euforia, Loustau reanudó el juego pero el partido ya no fue el mismo. Estudiantes selló la victoria con un gol de Hugo Gottardi, cuando restaba un minuto para el final.

Sin embargo, ni en épocas de guerra parece descansar la manía futbolera argentina de sacar ventaja. Carlos Bilardo era el técnico de Estudiantes de La Plata, hijo directo de la escuela de Osvaldo Zubeldía. Sus detractores lo acusaban de utilizar cualquier artimaña para ganar un partido. El relato de “Un Caño” continúa:
Más de 30 años después los exjugadores de Quilmes tienen bien presente ese encuentro. “Es el día de hoy que nos juntamos con los muchachos y lo recordamos. Siempre decimos que fue algo adrede por parte de Estudiantes. Que el técnico Bilardo habría parado el partido para enfriar. Aunque nunca vamos a saber si realmente fue así, pero en el fútbol nos conocemos todos…”, insinúa Frediani, actualmente entrenador de las divisiones inferiores de Quilmes. Para Clide Díaz, gerente de Banfield, el comunicado le hizo un clic en la cabeza. “Escuchar que mi país entra en guerra me desconcertó emocionalmente. Fue tremendo. Si bien no me consta, siempre se sospechó de Bilardo. Es que fue el único estadio donde se paró el partido. Y tuvo efecto. Muchos quedamos shockeados”.

Quilmes se dio el lujo de perder tres partidos seguidos mientras en las islas Malvinas los combates empezaban a mostrar la desventaja argentina contra Inglaterra. Uno de ellos fue el 2 de mayo, día del hundimiento del Crucero General Belgrano en el Atlántico Sur. Esa tarde, Quilmes perdió en Guido y Sarmiento ante River por 3 a 2. En la última fecha del grupo “A”, el equipo de Rogel aseguró la clasificación al vencer a Gimnasia (Jujuy) en Guido y Sarmiento. Había llegado a los 20 puntos y compartió la punta con Sportivo Independiente Rivadavia, aunque el Cervecero quedó primero por diferencia de gol.
Transmitido por ATC (actual, Televisión Pública) la dictadura organizó una colecta en donde se donaron joyas y dinero para financiar la guerra. Además, en las escuelas los estudiantes escribían cartas a los soldados que luchaban con heroísmo contra una de las potencias imperiales más importantes del planeta. Mientras tanto, regía en las radios la censura de pasar canciones en inglés, por lo que había un auge del rock nacional, que había sido siempre perseguido por la dictadura.

Tras la fase de grupos, en Cuartos de Final, a Quilmes le tocó jugar con Unión. En el elenco santafesino había algunos apellidos ilustres para el fútbol nacional. En 1978, había sido tercero en el Metropolitano y subcampeones del Nacional; esto último repetiría en 1979.
Primero en Santa Fe y luego aquí igualaron sendos partidos 1 a 1. De esta forma, se enfrentó el equipo cervecero a la primera definición por penales de su historia en 85 temporadas. Quilmes ganó 4 a 3 y la cancha fue una euforia total.

Volvió a encontrarse con Estudiantes de La Plata, esta vez por las semifinales del campeonato. El equipo de la ciudad de las diagonales estaba integrado por una camada de futbolistas que haría historia no solo en su club sino también, años más tarde, en la Selección Nacional. Al DT Carlos Bilardo había que sumarle nombres como los de José Luis Brown, Miguel Ángel Lemme, Miguel Ángel Russo y Alejandro Sabella. Además, el golero de la Tercera División era Luis Islas.
En Guido y Sarmiento, Quilmes recibió a los pincharratas el 30 de mayo. Le ganó 2 a 0 con goles de Daniel Acevedo. La mañana del domingo 13 de junio, los trenes rumbearon repletos de cerveceros rumbo a La Plata mientras que la avenida Calchaquí, la ruta 2 y el camino Centenario se poblaron de camiones y micros para ver a Quilmes.
En las islas, los combates estaban en las últimas. El heroísmo de los soldados argentinos no alcanzó para contener al ejército inglés. Mal alimentados, torturados y muertos de frío, los héroes de Malvinas resistían los embates británicos de cara a una inminente derrota. A tal punto que La Nación publicó en su edición del martes 14 de junio que “los británicos se sirven en la lucha de miras infrarrojas que les permiten visualizar a los soldados argentinos durante la noche y la niebla. Tales elementos sofisticados, junto con el empleo de visores panorámicos con sistema infrarrojo, constituyen una ventaja técnica a la que se opone el denuedo con que combaten los defensores argentinos en las cercanías de Puerto Argentino”.
Sin embargo, en el continente se jugaba el campeonato Nacional como si nada. La llovizna del otoño profundo acompañó el partido entre Estudiantes de La Plata y Quilmes en la revancha de las semifinales. La hinchada cervecera cantó toda la mañana y no sin nerviosismo se festejó cada jugada. Horacio Milozzi, de penal, marcó el único tanto del encuentro que el Cervecero ganó 1 a 0 para sacar pasaje a semifinales. El relato de la revista “Un Caño” rememora parte de aquella jornada con el testimonio de Héctor Clide Díaz:
“(…) la historia futbolera tuvo final feliz. “Nos vengamos. Nos volvimos a enfrentar por las semifinales de ese mismo Nacional y les ganamos en La Plata y en Quilmes. Fue una pequeña revancha. Hay cosas que me han quedado marcadas en mi carrera, y aquel partido fue una de ellas”.
El tren repleto de hinchas, los camiones y los micros debajo de la lluvia para jugar por otra instancia por el campeonato, tres años y medio después de ser campeones de Primera División en Rosario y a solo cinco meses de ganar el ascenso. La realidad de Quilmes solo podía ser opacada por una gran trompada al alma.
Entre ese domingo y el lunes, el instituto Gallup hizo una encuesta para el gobierno en donde el 79% creía que triunfaría Argentina en la guerra, el 4% que ganaría el Reino Unido y el 17% pertenecieron al grupo “no sabe o no contesta”. A su vez, la mayoría (41%) apoyaba la idea de continuar la guerra pero con ayuda de otros países y el 53% consideraba válida la ayuda de la Unión Soviética.
Tras dos meses de información tergiversada sobre la actuación de las tropas argentinas en las islas, la mañana del martes 15 de junio informó La Nación que el gobernador de las Islas Malvinas, General Mario Benjamín Menéndez, y el general inglés Jeremy Moore se reunieron por invitación del primero “para hallar una fórmula que detenga las acciones” y que “no comprometa el honor de las Fuerzas Armadas”. Hasta esta guerra, todo conflicto armado en el que había participado Argentina había resultado victorioso. Días más tarde se conoció una foto que causó indignación: Moore llegó al encuentro embarrado y luego de haber combatido mientras que Menéndez lucía su uniforme impecable.
Esa tarde, en Plaza de Mayo se empezó a congregar gente convocada por el mismo gobierno, quien había anunciado por videograph impreso en la pantalla de la transmisión del partido Hungría vs. El Salvador del Mundial 1982 durante el mediodía. “Se invita a la población a concurrir a las 19 horas a la Plaza de Mayo, para observar al señor Presidente, quien se asomará a uno de los balcones, en un momento trascendente para el país”. Para las 17:30 ya había unas mil personas que se manifestaban en contra del gobierno. “Junta Militar / la vergüenza nacional” y “Rendición es traición”, eran los principales cantos.
77 días después de la represión del 30 de marzo, otra vez el micro centro porteño fue escenario de luchas descarnadas entre la Policía y los manifestantes, a partir de las 18:40. Esta vez, de la violencia estatal no se salvaron ni los comercios de Avenida de Mayo, muchos de ellos incendiados o destruidos en su totalidad.
Ya a las 22, en cadena nacional, el presidente Leopoldo Fortunato Galtieri pronunció un discurso que empezó así: “El combate de Puerto Argentino ha finalizado. Los que cayeron están vivos para siempre, pelearon contra la incomprensión, el menosprecio y la soberbia. Enfrentaron con más coraje que armamento la abrumadora superioridad de una potencia apoyada en la tecnología militar de los Estados Unidos de Norteamérica, sorprendentemente enemigos de la Argentina y su pueblo (…)”. Esa noche, a las 23:59, Menéndez firmó el acta de rendición con la frase “me rindo”, que Galtieri había intentado evitar a toda costa.
Como si nada hubiera pasado, la mañana del domingo siguiente jugaron Quilmes y Ferro Carril Oeste el primero de los dos partidos por las finales del campeonato. En el equipo de Carlos Griguol había apellidos importantes para el fútbol argentino: Oscar Garré (futuro campeón del mundo con la Selección), Miguel Juárez, Alberto Márcico, Héctor Cúper y Juan Rocchia.
Hacía un frío atroz, con muchísima gente local pero con poca de los porteños. “No sé qué espera la gente de Ferro para venir”, sostuvo en las plateas de Guido y Sarmiento el presidente verdolaga, Santiago Leyden. Los capitanes (Hugo Tocalli, por el lado de Quilmes) izaron la bandera nacional en el histórico mástil del por entonces estadio más antiguo del fútbol argentino. Aquella mañana, gracias a la gran actuación del arquero de Quilmes, igualaron sin goles.

El domingo 27 junio, lejos del clima triunfalista por el épico triunfo que conseguirían las Fuerzas Armadas, se terminó el campeonato. En Caballito, Ferro Carril Oeste venció 2 a 0 a Quilmes y, de esta forma, se terminó el sueño del tercer torneo de la historia cervecera. Sin embargo, el público quilmeño acompañó en gran número y aplaudió a rabiar al plantel de Roberto Rogel, que había vuelto a poner al club en los primeros planos del fútbol nacional. Como corolario de aquel semestre, la Policía Federal volvió a reprimir, esta vez a los hinchas de Quilmes y a mansalva.
Pablo, nos conocimos de chiripa por esas cosas del fútbol. Ambos amamos la blanquita. Tengo que decir que como periodista tengo el placer y el orgullo de felicitarte por una nota conmovedora, que me hizo moquear. Como amigo, también estoy lleno de satisfacción. Te envío un gran abrazo y como dijo un conocido argentino: hasta la victoria siempre! En las Malvinas y obviamente con nuestro amado Cervecé!