
En un giro que nace en una Argentina gobernada por un personaje que paso de ser «El hombre Gris» al «Hombre Oscuro», Javier Milei, en un despliegue de fervor antipatriótico, recibió al ex primer ministro británico Boris Johnson y lo dejó sacarse una foto en el balcón de la Casa Rosada. Esto marca un hito en la historia argentina, que revela una sorprendente devoción del titular del PEN por la cultura pop británica, que parece haber desplazado las preocupaciones nacionales e internacionales. Después de todo, ¿quién necesita resolver problemas urgentes cuando se puede pedir a un ex líder británico que gestione una foto con Mick Jagger?
Johnson, quien renunció a su cargo tras una serie de escándalos que harían sonrojar al más audaz de los políticos, llegó a Sudamérica para presentar su libro Unleashed, lo que nos lleva a la pregunta: ¿es esto una visita oficial o un capitulo más de «Los Caprichos de Javier»? El hecho de que Milei lo sacara a saludar desde el balcón presidencial es un acto sin precedentes. Queda claro que la imagen y el espectáculo parecen haber ganado en relevancia que se contraponen contra la dignidad y el respeto por la soberanía arraigada al ADN nacional de cualquier político de bien.
Mientras el Reino Unido se niega a negociar la soberanía de las Islas Malvinas, Milei decide hacer de este encuentro un show de sumisión, invitando a Johnson a “saludar a su público imaginario”. En una época donde la crisis económica y social azota al país, la prioridad presidencial es muy clara: una selfie con un político británico que ha defendido la ocupación colonial y militar de nuestras Islas.
Lo irónico es que Johnson, al que Milei se atreve a mostrar como un amigo, ya no se encuentra en funciones, ni puede gestionar una reunión protocolar con el actual premier laborista. Pero claro, ¿quién se preocupa por los detalles diplomáticos cuando lo más emocionante es hablar de sus músicos británicos preferidos? Entre risas, conversaciones sobre política internacional y la organización de un posible encuentro con Mick Jagger, el verdadero drama argentino queda relegado a un segundo plano.
Con un país en llamas, los jubilados aún sin respuestas y una crisis universitaria sin precedentes, Milei opta por un espectáculo que, lejos de honrar a nuestros héroes de Malvinas, los traiciona de la manera más grotesca. Si alguna vez pensamos que el envío de ositos Winnie Pooh por parte de Guido Di Tella en 1998 era el colmo de la obsecuencia, las imágenes de Johnson en el balcón de la Rosada han superado cualquier expectativa de degradación.
La representación del presidente argentino junto a un símbolo de la ocupación colonial británica es un insulto a la memoria de aquellos que lucharon y quienes dieron la vida por la soberanía, y un claro indicativo de una política que se aferra más a las selfies y las excentricidades que a los intereses del pueblo argentino. La imagen de Milei pidiendo a un ex primer ministro que le consiga una foto con un ícono del rock no es solo una ironía del destino; es el epítome de la traición a la patria.
Lo que alguna vez fue presentado como un «león» rugiente que iba a defender los intereses de la patria, hoy se revela como un gatito sumiso ante los poderosos. El Milei que prometía romper cadenas y plantarse firme frente a la casta, ahora se ve cómodo, acariciado por las manos de un defensor de la ocupación británica en nuestras Malvinas quien es parte de la peor casta del mundo. De león a gatito, el argentino ha dejado claro que, en su afán ser venerado por sus ridículas aspiraciones, está dispuesto a traicionar los principios más básicos: la soberanía y dignidad nacional.

Detrás, Belgrano piensa: «Nos van a seguir cag… al menos Rivadavia consiguió un préstamo «